Desde el pasado viernes 13 de febrero inició el Festival Ondas , un formato diferente a todas las propuestas musicales con las que ya cuenta Bogotá. Se trata de un espacio íntimo pensado en un encuentro más cercano entre artistas y fans, y, por supuesto, las marcas festivaleras también se suben al bus de Ondas. Pero ¿Cuál es el público al que apunta esta nueva experiencia?
Para Felipe Jaramillo , director general de Last Tour, promotora detrás del festival, la diferencia comienza desde la concepción misma del evento. "Bogotá ya tiene grandes festivales. No tiene festivales un poco más curados, un poco más íntimos como es Ondas. Nosotros decimos que la experiencia de Ondas se parece más a ir a un teatro que asistir a un festival", explica. La apuesta, más que competir con los eventos ya existentes, busca transformar la forma en que el público vive el espectáculo.
Ese enfoque redefine también el tipo de asistente. A diferencia de los formatos masivos, donde la distancia con el artista es parte de la experiencia, Ondas propone cercanía como valor central. "Cuando la gente le dice festival, se imagina masiva, 40.000 personas. Voy a estar a 200 metros del artista. Y Ondas es todo lo contrario... la persona que más lejos está del escenario está a 30 metros del artista, entonces la experiencia es completamente diferente", afirma Jaramillo.
Esta cercanía se articula con una curaduría pensada para atraer audiencias diversas, no limitadas a un solo género musical. “Estamos buscando hacer una curaduría para diferentes audiencias, por eso dijimos que teníamos un lineup como muy ecléctico, porque tenemos reggaetón, indie, anglo, Disney Encanto sinfónico”, explica. La intención es ampliar el alcance cultural del evento y conectar con un público que no necesariamente se identifica con una sola escena. "Los festivales le hablan a un solo público, a una sola audiencia. Nosotros le hablamos a un público más general".
En el festival el rol de las marcas también adquiere un papel distinto. Más que ocupar un espacio publicitario, se integran a la experiencia que vive el asistente. "Tal vez la interpretación que nosotros le hacemos es que no los vemos como patrocinadores, los vemos como anfitriones. Queremos que ellos sean parte de la experiencia", señala Jaramillo.
La presencia comercial, entonces, no busca interrumpir la experiencia, sino aportar a ella. “Queremos que sea la marca la que se encargue de proveerle esa experiencia al público, y de esa forma relacionarnos de una forma más cercana consumidor, marcas, festival, sin ser intrusivos”.
Este modelo también responde a una decisión estratégica: reducir la saturación de marcas para aumentar su relevancia dentro del espacio. "Precisamente las marcas tienen que salir a competir hoy en día en los macrofestivales contra 20 marcas más. Acá no, acá las marcas tienen una reinterpretación del espacio diferente. Entonces son menos marcas apoyando y aportando más a la experiencia del festival", explica.
Más allá de la música, el evento integra otros elementos que amplían las posibilidades de conexión más cercana entre asistentes y aliados comerciales. “En nuestros ejes de comunicación y de la experiencia naturalmente el paraguas es la música, pero sí tenemos unos valores donde la gastronomía y el buen parche juegan parte de eso, y yo creo que ahí es donde están las marcas, en proveer ese espacio”, concluye Jaramillo.
Festival Ondas no solo plantea una forma distinta de vivir la música, sino también de relacionarse con las marcas. En lugar de competir por atención, la apuesta está en construir una experiencia compartida, donde la cercanía, la curaduría y el entorno redefinan el vínculo entre el público y quienes hacen posible el festival.
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