lunes, febrero 09, 2026

Tendencias 2026

Tendencias musicales 2026: entre la fragmentación, la nostalgia y la tecnología que aprende a no estorbar

2026 no llega con un “nuevo género” que lo explique todo. Llega, más bien, con una forma distinta de consumir, crear y promover música: más fragmentada, más global, atravesada por tecnología y, al mismo tiempo, profundamente nostálgica. No es un cambio de sonido, sino de lógica.

Desde agencias, artistas y plataformas, la conversación dejó de girar en torno a “qué está de moda” para centrarse en cómo se construyen hoy las tendencias musicales y quién logra sostener una identidad propia en medio de un ecosistema ya saturado.

“Hoy no se crea pensando en el algoritmo, se promociona pensando en el algoritmo”, explica María Ramírez, directora de Queen Street Talent, agencia que trabaja con artistas como Juliana y con proyectos regionales de proyección internacional.

Esa distinción marca uno de los grandes quiebres del momento actual. Durante décadas, la radio (seguida de las plataformas de streaming) concentraron el poder del descubrimiento musical. En 2026, ese modelo se rompe definitivamente. Como en los últimos años, TikTok sigue siendo una plataforma clave, pero ya no es el único motor. Series, videojuegos, recomendaciones entre amigos, YouTube Shorts e Instagram Reels conviven en un ecosistema profundamente fragmentado .

“Venimos de una época donde TikTok lideró el descubrimiento musical, pero hoy la gente descubre música por muchos lugares al mismo tiempo”, señala Ramírez.

Y aunque la fragmentación diversifica el acceso, también aumenta la competencia. Se estima que más de 100.000 canciones se suben cada día a plataformas digitales, una cifra que confirma la saturación del mercado y obliga a pensar la música no como un lanzamiento aislado, sino como un proyecto integral que combina creación, narrativa y estrategia.

En medio de esta revolución en la industria musical aparece otro actor clave: la inteligencia artificial. Lejos de la amenaza apocalíptica que muchos anticipaban, en 2026 la IA se instala como herramienta cotidiana dentro de estudios, agencias y procesos creativos, aunque con límites claros. No se dedica precisamente a componer canciones, al menos no de forma legítima, pero sí acelera procesos como edición, versiones, análisis de estructuras y toma de decisiones.

"La inteligencia artificial va a reemplazar algunas funciones, pero va a generar otras. La creatividad humana no es reemplazable", afirma Ramírez.

El debate sobre esta tecnología ya no es técnico, sino ético y legal. ¿Qué ocurre cuando una IA imita la voz o el estilo de un artista sin autorización? Casos virales de canciones falsas atribuidas a figuras como Bad Bunny reabrieron la discusión sobre derechos de autor y regulación, reafirmando que la tecnología se mueve a un ritmo que la industria y la legislación aún no logran alcanzar.

Mientras tanto, en el plano cultural, la música latina no solo mantiene su relevancia, sino que consolida su lugar en el mainstream global. En Estados Unidos fue uno de los segmentos de mayor crecimiento en consumo durante 2024 y 2025, impulsado tanto por la emigración como por audiencias no hispanohablantes.

"La música latina ya hizo el crossover. Hoy la gente canta sin entender el idioma, como pasaba antes con el pop en inglés", explica Ramírez.

Este crecimiento no se limita al reguetón. Pop, rock, folk, propuestas alternativas y fusiones regionales amplían el mapa sonoro y refuerzan la idea de que lo local ya no está en tensión con lo global.

A esta expansión se suma otra tendencia transversal: la nostalgia como lenguaje generacional. El regreso emocional a los sonidos y estéticas de los 90 y los 2000 atraviesa tanto a millennials como a la generación Z, no como copia literal, sino como búsqueda de procesos más humanos. Las giras sold out de RBD, el regreso de bandas noventeras y nuevos discos grabados con instrumentos reales (sin samples) confirman el fenómeno.

“Es una generación muy joven para ser tan nostálgica, pero está pasando”, dice Ramírez. Y es que la nostalgia aparece como respuesta a la hiperconectividad, la sobreproducción digital y la fatiga de pantallas. En la música se traduce en grabaciones más orgánicas, narrativas emocionales y conciertos entendidos como experiencias colectivas, no solo como shows.

Más que una lista de modas, las tendencias musicales de 2026 hablan de tensión constante: entre algoritmo y creatividad, tecnología y humanidad, globalización e identidad. Para agencias, artistas y marcas, el reto ya no es subirse a tiempo a lo que funciona, sino sostener propuestas auténticas en un mundo cada vez más ruidoso.

“Las propuestas originales, las que no intentan copiar lo que todos están haciendo, son las que terminan funcionando”, concluye Ramírez.

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