El estratega, Person of the Year de New York Festivals y autor de El Efecto Emoción, entrega su hoja de ruta para navegar un año donde el corto plazo, la búsqueda de control y la re-humanización dictan las reglas del juego.
El mundo ya no se rige por un "orden establecido", sino por un "ordenamiento constante". Según Juan Luis Isaza, hemos pasado de la era de las instituciones sólidas a la era de la geometría variable y las transacciones inmediatas. En este contexto, 2026 se presenta como un año de paradojas: buscamos estructura en figuras autoritarias mientras exigimos una honestidad radical a las marcas; nos refugiamos en la inteligencia artificial pero aplaudimos obsesivamente lo "hecho a mano". A continuación, desglosamos las ocho fuerzas que, para el estratega, moverán el consumo y la comunicación en este año.
1. Modo supervivencia
Vivimos en una "policrisis" permanente que ha borrado la planificación a largo plazo. Desde las finanzas familiares hasta las políticas ambientales, todo se ha vuelto reactivo. El ahorro cae y las apuestas suben; la felicidad se busca hoy porque el futuro financiero es incierto. Es la era del "mundo en construcción" sin reglas fijas.
Para las marcas:
Cuidado con la enshittification (degradación del servicio para maximizar beneficios). Los consumidores detectan cuándo se sacrifica la calidad por el margen. La innovación no debe ser un parche táctico, sino una apuesta de valor futuro para no perder credibilidad.
2. Dictadura es estructura
Ante la desconfianza en la democracia, el "autoritarismo inteligente" gana admiradores. El ciudadano de 2026 prefiere la efectividad sobre la ideología; la pluralidad empieza a verse como sinónimo de caos. Buscamos control, incluso si viene de algoritmos o regulaciones estrictas como los pasaportes digitales de productos.
Para las marcas:
La transparencia es la nueva estructura. En una era de sospecha, admitir errores o explicar decisiones difíciles genera más confianza que cualquier campaña publicitaria tradicional. La honestidad radical es el activo más preciado.
3. Re-humanización
Como respuesta a la saturación de contenido generado por IA, la sociedad está activando mecanismos de defensa. Valoramos lo artesanal, lo lento y lo "fallido". El término slop (basura digital generada por IA) define lo que queremos evitar. Si algo se siente "hecho a mano", recibe el aplauso del público.
Para las marcas:
Es hora de optimizar para el GEO (Generative Engine Optimization). Las marcas deben entender qué dicen las IAs de ellas, pero asegurándose de que esa presencia digital mantenga un alma y una narrativa que se sienta humana.
4. Hazlo asequible
La "asequibilidad" es la palabra del año. La clase media se encoge y el "Sistema D" (rebusque e ingenio) aflora. El consumo se fragmenta: reemplazamos comidas completas por snacks y buscamos un lujo que priorice calidad sobre apariencia. El acceso se convierte en la nueva aspiración.
Para las marcas:
El formato mini es el rey. Desde cosméticos hasta servicios, reducir el desembolso inicial permite que el consumidor mantenga el vínculo con la marca. Es una oportunidad para democratizar experiencias que antes eran inalcanzables.
5. Vencer la soledad
La soledad es la pandemia silenciosa, afectando especialmente a los adolescentes. En 2026, la tecnología intentará revertir esto con experiencias de consumo compartido. Veremos una rebelión contra los algoritmos que nos aíslan, buscando espacios para vivir, trabajar y disfrutar juntos.
Para las marcas:
Las marcas tienen comunidades latentes. Crear momentos de encuentro físico, como eventos para madrugadores o cenas intergeneracionales, es la mejor forma de generar lealtad. El retail debe pasar de ser un sitio de compra a un centro de conexión cultural.
6. Proyecto yo
El individuo busca el autoconocimiento radical. Ya no seguimos estándares; creamos nuestra propia versión de bienestar. La neurodivergencia se abraza como identidad y el cuerpo se convierte en el capital principal. Es el año de fortalecer ese "yo auténtico" que presentamos al mundo.
Para las marcas:
La personalización debe evolucionar hacia el acompañamiento en el viaje personal del consumidor. Marcas como Nike ya están cambiando el "Just Do It" por preguntas que invitan a la reflexión emocional y la resiliencia.
7. Pseudo-espiritualidad
No es un regreso a la religión tradicional, sino una mezcla de misticismo, astrología y entretenimiento impulsada por la IA. Desde Jesuses en chatbots hasta turismo religioso récord, buscamos estabilidad emocional en lo intangible ante un mundo que percibimos como agresivo e impredecible.
Para las marcas:
Ante la incertidumbre, las marcas deben ofrecer consistencia. La investigación demuestra que las ideas creativas consistentes entregan mayor ROI. Sea el ancla espiritual y de confianza para su consumidor.
8. Todo es sentir
En 2026, la gran rebelión será contra la vida a través de la pantalla. Volvemos a tocar, oler y probar. Como dice la expresión aspiracional touch grass, buscamos lo que la IA no puede replicar: "la arena entre los dedos". El lujo se redefine como la experiencia irrepetible y táctil que deja una memoria indeleble.
Para las marcas:
La calidad de la atención es la nueva métrica. Los formatos inmersivos y multisensoriales generan un enfoque que los medios pasivos han perdido. Involucrar más sentidos no es un lujo, es la clave para capturar la atención fragmentada del consumidor moderno.
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