martes, agosto 16, 2022
Comunicación

El coraje para ser nosotros mismos

Una de las autoras que más han influido en mí en los últimos años es Brené Brown, investigadora y autora estadunidense, sobre quien he escrito en esta columna. Pero debo admitir que no fue amor a primera vista. Sus escritos a veces me parecían muy melosos y mucho de lo que hablaba sobre la valentía, la vergüenza y la vulnerabilidad me parecía demasiado soft. Con los años, he ido entendiendo lo que dice Melinda Gates: los soft skills o habilidades blandas son quizás lo más importante que tenemos como seres humanos, y ahí he conectado más profundamente con su trabajo, en especial en el campo laboral.

La realidad es que el ámbito organizacional es un escenario difícil. Nos enfrenta a nuestros miedos, confronta nuestras inseguridades, nos muestra nuestras debilidades y, muchas veces, nos hace caer en el juego tóxico de la competencia y de pensar, como dice Simon Sinek, que se trata de un juego de suma cero, de ellos contra nosotros.

En ese proceso, para muchos, acaba siendo más fácil ponernos una armadura, cerrarles la puerta a los sentimientos y pensar que ser impenetrables e inmutables nos hace más fuertes y respetables. Esa forma de ser que hemos aceptado como un “modo corporativo” —en el que nadie se puede quebrar bajo presión, porque hacerlo nos hace débiles, o porque se pierde lo ganado y lo logrado, y le cede terreno a quien aparentemente no pierde el control— hace parte de un mundo que debemos retar y revaluar.

Creo que dejar ver nuestra humanidad es un acto de valentía y que los demás lo reciban bien es un acto de empatía.

Creo que hoy, cuando nuestros mundos laborales y personales colapsaron y se mezclaron en uno solo, nos vimos forzados a abrir las puertas de nuestra vida privada en nuestro trabajo. Pero en vez de hacernos ver débiles, nos forzó a ser auténticos, a darnos cuenta de que si los hijos o los perros se oyen atrás, eso no nos hace menos profesionales, sino que nos muestra como seres humanos. Este tiempo nos ha puesto tan a prueba y estas apariencias se vuelven cada vez más imposibles de mantener.

Brené Brown dice que se necesita coraje para ser vulnerables. Es decir, para dejar ver eso que somos debajo de la armadura, porque nos descubrimos y podemos estar expuestos a que nos hagan daño y a que nos hieran. Las armaduras que nos ponemos en el trabajo en realidad no nos escudan de las emociones que llegan con este, solo nos evitan que se vuelvan públicas.

Un acto de empatía

Creo que al final no hay nada más reconfortante que saber que alguien que admiramos o que nos lidera, también se quiebra, también duda, también se estresa. Nos revela un camino no solo para ser menos duros con los demás sino con nosotros mismos. Nos muestra que personas que a veces vemos inalcanzables al final son iguales a nosotros. Y en vez de crear distancia, pasa lo contrario. Nos sentimos conectados, porque a pesar de lo distintos que seamos, al final nos encontramos en las emociones que todos hemos sentido, en nuestra vulnerabilidad desnuda de cargos y de roles.

Creo que dejarnos ver en nuestra humanidad es un acto de valentía y que los demás lo reciban bien es un acto de empatía, conceptos que hoy —en entornos tan inciertos y volátiles— se hacen más necesarios que nunca. Así que los invito a soltar las armaduras, a entender que bajarnos de los pedestales no nos hace ver menos, sino por el contrario nos abre las posibilidades para hacer las cosas de una forma más auténtica y más fiel a lo que verdaderamente somos. Nos permite darnos cuenta de que en el espacio laboral también hay cabida para todo lo que representamos y no solo lo que creemos que los demás esperan de nosotros.

Por: Carolina Mejía, Planning Director de MullenLowe SSP3
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