Para un festival que convoca a varias generaciones alrededor de la música latinoamericana, la marca armó un escenario con curaduría de Carlos Vives y un recorrido pensado para cada momento de la jornada.
“El mundo era tan reciente que muchas cosas carecían de nombre, y para nombrarlas había que señalarlas con el dedo". Con esta frase de Cien años de soledad iniciaba la experiencia durante el día del Coke Studio de Coca Cola, un espacio creado con la cultura latina como protagonista, y curado por Carlos Vives con un fin: ser una plataforma para artistas de todas las regiones del país los dos días que duró el Festival Cordillera 2026.
Bajo el concepto "El Futuro es Latino", el Festival Cordillera reunió en su quinta edición a más de 40 artistas de la región en un cartel que cruzó países, géneros y generaciones, con nombres como Ricky Martin, Andrés Calamaro, Caifanes, Beéle y Grupo Niche. Durante el 12 y el 13 de septiembre, 70.000 personas llegaron al Parque Simón Bolívar, de las cuales se estima que 18.410 fueron visitantes de otras regiones del país y cerca de 9.590 llegaron desde el exterior, una audiencia que reúne a quienes crecieron con las leyendas de la música en español y a quienes descubren esos sonidos a través de sus nuevas versiones.
A ese público llegó Coca-Cola con Coke Studio, su plataforma musical global, presente en más de 50 países con un modelo que reúne artistas emergentes y consagrados. Desde su llegada a Colombia en febrero de 2025, la plataforma ha estado en festivales, en presentaciones en vivo realizadas en alianza con Sony Music bajo el nombre de Coke Sessions y en contenidos que muestran el detrás de escena de los shows, lo que le permite a la marca mantenerse cerca de la música a lo largo del año y en distintos formatos.
En Cordillera, Coca-Cola debutó en 2025 con el Drop Coke Studio, una instalación inmersiva con artistas nacionales e internacionales, y para 2026 asumió la programación completa de un escenario con concepto, curaduría, cartel y diseño propios. El cambio tiene implicaciones para la construcción de marca, porque cuando una compañía patrocina un escenario su logo acompaña una programación que define el festival, mientras que cuando lo programa, la experiencia entera, desde lo que suena hasta lo que se escucha al cruzar la entrada, queda asociada a sus decisiones. Repetir presencia en el mismo evento suma a ese propósito, ya que permite que el público empiece a relacionar a la marca con Cordillera, y el ajuste entre una edición y otra acercó la propuesta a lo que el festival representa para su audiencia, la música latinoamericana en español y el cruce entre tradición y nuevos sonidos.
Carlos Vives, curador del escenario
La elección de Vives responde a varias lecturas del público. En 2025, el samario hizo parte del cartel del festival junto a Rubén Blades, Fito Páez y Miguel Bosé, de modo que su nombre ya estaba ligado a la experiencia de Cordillera, y en esta edición pasó a ser curador de un escenario de marca, un rol que le da a la programación un criterio musical reconocible y que le permite a Coca-Cola presentar contenido respaldado por uno de los artistas con mayor trayectoria en la fusión de ritmos tradicionales colombianos.
El nombre del concepto conecta con las dos audiencias del festival. "La Tierra del Olvido" es el título del álbum que Vives lanzó en 1995 y que marcó el sonido de esa década, así que para una parte de los asistentes funciona como una referencia de memoria, mientras que para los más jóvenes se asocia con un repertorio que hoy se reinterpreta desde la electrónica y la fusión.
Su participación también dejó uno de los momentos del fin de semana, cuando apareció por sorpresa ante el público del escenario. Esos momentos, registrados por los propios asistentes y compartidos en redes sociales, extienden el alcance de una activación más allá de quienes estaban en el recinto y ubican a la marca dentro de una historia que el público cuenta por su cuenta.
Un cartel pensado para dos públicos
La programación siguió la misma lógica de audiencia. El sábado 12 se presentaron Chonto DJ, Cumbieros x María Fuell, Claumart, Herencia de Timbiquí y Martín Velilla, y el domingo 13 fue el turno de Dirty Salsa, Cumbieros x María Fuell, Nido, Auténticos Corraleros de Dinastía Gutiérrez y Martín Velilla. Agrupaciones como Herencia de Timbiquí o los Corraleros atraen a quienes llegan a Cordillera buscando el repertorio de raíz, en tanto que las propuestas de DJ y fusión se dirigen a quienes consumen la música colombiana mezclada con ritmos electrónicos, en un recorrido que fue de la marimba del Pacífico a la electrónica y el tropipop.
María T. Pérez, directora de Marketing de Coca-Cola para Colombia y Venezuela, explicó que el propósito era "celebrar nuestras raíces y mostrar cómo la música colombiana sigue evolucionando".
El producto dentro de la experiencia
El diseño del espacio tuvo en cuenta cómo se vive un día de festival, que empieza a primera hora de la tarde y se extiende hasta la noche. Quienes entraban durante el día eran recibidos por una voz que recitaba el pasaje inicial de Cien años de soledad para establecer el tono del lugar antes de cualquier show.
Adentro, una tarima de gran formato, visible desde cualquier punto del recinto, compartía espacio con una barra de Coca-Cola y coctelería que ubica a la bebida como mezclador en tragos preparados, una ocasión de consumo adulta y social que en un festival para mayores de edad amplía el papel del producto frente a su consumo habitual como refresco y lo pone en la mano del asistente en el momento en que la música lo tiene más conectado con el lugar.
En la zona exterior, la marca dispuso áreas de descanso, puntos para comprar y ganar merchandising y presentaciones de cumbia, porro y bambuco, un diseño pensado para las pausas entre conciertos, cuando el público de un festival de larga duración busca dónde recargarse. La música tradicional en vivo mantenía la actividad del espacio y prolongaba el tiempo de permanencia, mientras que el merchandising salía del parque con cada asistente y llevaba la marca a otros contextos después del festival.
Energía solar y gestión de residuos
Para una compañía de bebidas, la gestión de residuos en eventos masivos toca la reputación y la operación al mismo tiempo, porque el consumo se concentra en pocas horas y en un mismo lugar. En 2025, el Drop operó con una granja solar de 48 paneles y una batería de almacenamiento gracias a la alianza entre Coca-Cola Colombia, la empresa SETIE y Páramo Impacta, e incluyó un stand donde los asistentes cambiaban botellas o latas vacías por un popsocket y una planta para sembrar.
En 2026, esa misma alianza permitió que el escenario funcionara con un sistema híbrido de granja solar, baterías y respaldo energético, en una edición que el festival presentó como carbono neutro. Coca-Cola apoyó además la instalación de 150 puntos ecológicos y cuatro centros de acopio, y dio visibilidad al trabajo de recicladores, Ecoguardianes y equipos de limpieza, acciones que alinean la presencia de la marca con los compromisos ambientales que el propio festival comunica a su público.