Desde hace más de 22 años, esta marca colombiana acerca la tecnología a los hogares del país con productos accesibles y de calidad, una comunicación cercana y una experiencia que busca convertir la compra en una relación duradera.
En Kalley, muchas decisiones parten de preguntarse cómo lograr que más personas tengan acceso a una buena experiencia tecnológica. Según la compañía, democratizar la tecnología y llevar productos de calidad a más hogares a un costo justo guía su camino desde que nació. Para Miguel Londoño, director de marca, el propósito no tiene nada qué ver con vender barato. “Democratizar no es hacer la tecnología más barata; es hacerla más accesible, fácil y relevante para más personas”.
En la práctica, la empresa diseña productos que resuelven necesidades de los hogares sin complicar su uso, cuida la relación costo-beneficio y, sobre todo, acompaña la experiencia para que el comprador entienda qué lleva, lo encuentre donde suele comprar y tenga respaldo después. Londoño insiste en separar lo accesible de lo barato y el bajo precio de la mala calidad, porque quien compra un producto tecnológico también compra la tranquilidad de que va a funcionar. Por lo anterior, el trabajo abarca la calidad, el diseño, la garantía, la disponibilidad y el servicio, con la meta de que el consumidor sienta que tomó una decisión inteligente –no solo económica–, porque allí se construyen la relación y la confianza entre empresas y consumidores.
La comunicación sigue esta misma línea, ya que Kalley se presenta como una marca colombiana que hace parte de la vida diaria de los hogares. Por eso, sus productos parten de situaciones que la gente reconoce, no de una realidad idealizada. El lenguaje, los personajes, los contextos y el humor –cuando corresponde– salen de lo cotidiano. En lugar de una comunicación que diga “aspira a tener esto para ser alguien diferente”, busca una que diga “esto puede hacer mejor tu vida”, con la tecnología al servicio del día a día de las personas. La cercanía va más allá del tono: “Desde la comunicación, siempre buscamos que las personas sepan que Kalley se parece a su realidad”, resume Londoño.
De la compra a la confianza
La coherencia también tiene que sentirse en el producto, en las tiendas, en los canales digitales y en el servicio, pues la relación con el consumidor puede empezar con una campaña y continúa mientras la persona compara, compra, instala y usa el producto, hasta el día en que necesita ayuda. “Lo más importante aquí no es cerrar la venta, es lo que pasa antes y lo que pasa después”, dice Natalia García, directora de mercadeo. Londoño coincide en que la confianza se pone a prueba después de la compra, porque cualquiera parece cercano cuando todo funciona y la diferencia aparece cuando algo falla. De ahí que la experiencia se entienda como una responsabilidad de toda la organización y no como la tarea de un área.
Adicionalmente, escuchar hace parte del recorrido; de las cerca de 500 personas que trabajan en la operación, unas 350 mantienen contacto con distribuidores y clientes, y las necesidades, preguntas y opiniones que recogen en sus conversaciones pueden alimentar decisiones de comunicación, procesos de desarrollo y mejoras de producto. El portafolio da cuenta de ello, pues más de 140 de sus cerca de 500 referencias tienen cambios durante el año, con distinta profundidad. Según Londoño, las mejoras no buscan solo sumar productos; llegan cuando el equipo identifica algo que aporta al consumidor y se alinea con su propuesta de valor.
Cercanía, confianza, propósito y consistencia aparecen como los cuatro elementos sobre los que la marca construye su vínculo con los consumidores; estos atributos se ven en la fidelización de sus clientes y en logros como haber figurado en 2026 entre las marcas más amadas por los colombianos en el Brand Love Index. Parte de la relación, además, se construye por fuera de la venta, con proyectos como la Copa Kalley ASOBDIM, su principal iniciativa social según la compañía. El torneo de fútbol para niños de 7 a 13 años en Antioquia, impulsado por la Asociación de Barras del Deportivo Independiente Medellín, comenzó hace cerca de 20 años. La empresa, que ya tenía una relación con el club, decidió apoyarlo al conocer su carácter social, y desde entonces el campeonato pasó de unos 32 equipos a más de 250. Hoy reúne a más de 5.000 niños que se forman a través del fútbol en Medellín, el área metropolitana y Urabá.
Hacia el futuro, el reto pasa por cuidar la relación construida: “Cuando una marca lleva más de 22 años en los hogares colombianos, tiene una responsabilidad distinta”, advierte el director de marca. Los consumidores cambian rápido sus hábitos, sus expectativas y la forma en que se relacionan con las compañías, y la tecnología avanza al ritmo de la inteligencia artificial. Kalley se propone seguir de cerca los cambios, incorporar solo la tecnología que aporte a la vida de las personas, cuidar a quienes ya la eligen y ganarse a las nuevas generaciones. Para Londoño, la clave está en “evolucionar sin dejar de ser Kalley”: los productos y la tecnología cambian con los años, pero el propósito y la sencillez permanecen.
Este artículo es una Colaboración paga con Kalley.
Artículo publicado en la edición #506 de los meses de octubre y noviembre de 2026.
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