Benito Antonio Martínez Ocasio ejecutó en el Levi’s Stadium fue un espectáculo de que rompió el último techo de cristal de la industria del entretenimiento: una presentación individual, ciento por ciento en español y profundamente política, que no necesitó subtítulos para sacudir al mundo. con la reivindicación de la identidad latina.
El show de medio tiempo del Super Bowl LX no fue solo un evento musical; fue una operación de identidad sin precedentes. Benito Antonio Martínez Ocasio, conocido como Bad Bunny, no utilizó los fuegos artificiales genéricos de la industria anglo, sino que apostó por una marca llamada América, entendiendo que incluye todos los países del Sur, Centro y Norte América. El artista convirtió el Super Bowl LX en un manifiesto de identidad donde el mercado se rindió ante una población que aporta 4,1 billones de dólares al PIB estadounidense, según cifras de 2025, y logró que las narrativas publicitarias se recondujeran hacia una cultura que ya no siente ganas de esconderse. La noche del 8 de febrero de 2026, lo latino dejó de ser un contenido periférico para convertirse, finalmente, en el eje del escenario global.
Al transformar el Levi’s Stadium en un barrio vivo, Bad Bunny no solo presentó música, sino que exportó una estética que gigantes como Apple Music y la NFL abrazaron como el nuevo estándar de la cultura pop global.
La narrativa comenzó desde la raíz, en una plantación de caña y con el uso de la pava, el sombrero típico de los jíbaros. Esta elección visual rompió con la idea de que para ser global hay que ser neutro. Al contrario, Benito demostró una tesis fundamental: cuanto más específico y honesto es el mensaje, más universal se vuelve su impacto. La ruralidad boricua se convirtió, por catorce minutos, en el centro de atención del mundo.
El idioma funcionó como la mayor herramienta de posicionamiento. Por primera vez, un artista latino lideró el show en solitario e hizo un show completamente en Español. Desde su saludo inicial, Benito dejó claro que el mercado es el que debe adaptarse a la identidad del artista, y no al revés, y que los idiomas que se hablan en las Américas son, todos, americanos.
La puesta en escena incluyó La Casita, un espacio que recreó la calidez del hogar puertorriqueño en medio del gigantismo del estadio. Al rodearse de figuras como Pedro Pascal, Karol G y Cardi B, Bad Bunny no actuó como una estrella solitaria, sino como un ecosistema de talento y voces. Esta estrategia de comunidad validó el poder colectivo de lo latino, enviando un mensaje de unidad que trasciende fronteras nacionales.
El simbolismo de alto voltaje fue el motor del activismo visual del show. Subirse a una línea eléctrica para cantar no fue solo un truco de escenario; fue una crítica directa a la crisis energética en la isla. Benito utilizó los segundos más caros de la televisión mundial para visibilizar una negligencia estatal, así como para ratificar, una y otra vez, que todos los países de las Américas hacen un continente.
Otro hito disruptivo fue el uso de la bandera con el triángulo azul claro, símbolo del movimiento independentista y la resistencia boricua. Bad Bunny recordó que la identidad no puede ser administrada, convirtiendo un símbolo patrio en un emblema de resistencia frente al colonialismo cultural.
La aparición de Lady Gaga no fue la colaboración pop convencional que muchos esperaban. Vestida por el diseñador chileno Diego Cajas, con una flor de maga y al ritmo de salsa, Gaga se sumergió en el mundo latino. Esta aparición, de una de las artistas más grandes de Estados Unidos, es el mayor indicador de que lo latino ha dejado de ser periférico: ya no es el artista del sur quien busca validación en el norte, sino el ícono global quien busca la sazón del sur para mantenerse vigente.
La interpretación de "Die With a Smile" en clave tropical elevó el show a una plataforma diversa y fue una alianza de valores compartidos que resonó con una generación que exige compromiso a sus ídolos.
Otra colaboración memorable fu la aparición de Ricky Martin para cantar "LO QUE LE PASÓ A HAWAii", una canción que le pide a Puerto Rico que evite el destino de Hawái, donde la colonización estadounidense condujo a la marginación de la lengua y las prácticas culturales de los nativos hawaianos. Martin, un ídolo latino en el mundo, se presentó en las dos sillas rimax icónicas de la portada del álbum "Debí tirar más fotos", y entonó la letra:
"Quieren quitarme el río y también la playa
Quieren al barrio mío y que abuelita se vaya
No, no suelte' la bandera ni olvide' el lelolai
Que no quiero que hagan contigo lo que le pasó a Hawái".
El show también integró el deporte desde una perspectiva cultural única. La presencia de los boxeadores Xander Zayas y Emiliano Vargas fue un guiño a la histórica rivalidad entre Puerto Rico y México. Al incluir este derbi en el escenario, Benito le habló directamente a la base de fans más leal y apasionada del continente. Adicionalmente, incluyó personajes como Toñita del bar latino de salsa en Nueva York, "Toñitas", una boda entre una latina y un estadounidense, el sapo concho endémico de Puerto Rico y mujeres bailando reguetones rferentes como "Gasolina".
El mensaje final de su show con una valla que decía "The Only Thing More Powerful Than Hate Is Love" (Lo único más fuerte el el odio es el amor) y "Together We Are America" en el balón fue una jugada significativa de rebranding geográfico. Al nombrar a todos los países del continente, Benito, además, le arrebató al mercado anglo el monopolio de la palabra "América". Fue una lección de semántica política y unidad que resonó en todo el hemisferio, posicionando lo latino no como una minoría, sino como parte de la mayoría continental.
Incluso el vestuario completamente blanco de Bad Bunny tuvo una función estratégica. Frente a una retórica de odio y división, la imagen de un hombre vestido de blanco rodeado de su comunidad proyectó una narrativa de paz y fraternidad.
El factor sorpresa y la teatralidad del evento generaron una conversación orgánica que superó cualquier campaña pagada. El show no buscó vender un disco o un artista; buscó consolidar una cultura. Al honrar a los ancestros y artistas que le abrieron el camino, Bad Bunny se posicionó como el heredero de una tradición, dándole a su marca una profundidad histórica que pocos artistas logran alcanzar.
La contraprogramación de eventos rivales solo subrayó la relevancia de Bad Bunny. Mientras otros intentaban rescatar una "América" del pasado, Benito estaba construyendo la del futuro. El éxito de su show frente a la competencia demostró que la audiencia global tiene hambre de autenticidad y diversidad.
La presentación de Bad Bunny no fue un acto de ruptura, sino de expansión. Al desdibujar las fronteras entre lo local y lo global, el Super Bowl LX marcó el fin de una era donde lo latino se entendía como un invitado para inaugurar una etapa de liderazgo compartido. La lección para el mundo del mercadeo y la comunicación trasciende la música: la verdadera relevancia no se logra diluyendo la esencia para complacer a las masas, sino profundizando en la identidad para conectar con la humanidad. Bad Bunny no solo llenó un estadio; rediseñó el mapa de la cultura pop, demostrando que cuando la autenticidad es el motor, no existen lenguajes extraños ni culturas periféricas, solo una América diversa que finalmente se reconoce en un mismo escenario.
Mira el show de Bad Bunny del medio tiempo del Super Bowl completo: