miércoles, octubre 14, 2026
Salud

Colombia en el Índice de Inclusión en Salud

La tercera fase del estudio de Economist Impact, con el apoyo de Haleon, estima cuánto ganaría el país al cerrar brechas de prevención, diagnóstico y atención en las poblaciones con más barreras.

El Índice de Inclusión en Salud, que Economist Impact desarrolla desde 2022 con el apoyo de Haleon, mide en 40 países las barreras que limitan la salud de las poblaciones en riesgo de exclusión. Tras una primera fase dedicada a políticas, estrategias, programas y estructuras, y una segunda que en 2023 contrastó su aplicación con la experiencia de las personas, la tercera estima los beneficios económicos de cerrar las brechas. En el caso de Colombia, el informe de esta fase se concentra en las afecciones musculoesqueléticas, primera causa de discapacidad en el país y origen del 28% de las incapacidades laborales, con foco en las mujeres desde los 15 años y en los adultos mayores de 50.

El documento evalúa la prevención primaria de la artritis reumatoide y la artrosis de rodilla, la reducción del riesgo de fracturas por osteoporosis y la prevención de las recaídas del dolor lumbar y cervical, con estimaciones que combinan una revisión de literatura y modelos económicos cuya metodología se publica en un informe aparte.

Artrosis y artritis reumatoide

Más de uno de cada cuatro colombianos de 60 años o más tiene artrosis, una enfermedad que afecta al 37% de las mujeres y al 15% de los hombres de la misma edad. En una encuesta realizada en el suroccidente del país, más del 90% de las personas con artrosis reportó dolor severo y el 63% tenía una limitación significativa o total de su actividad física. El estudio asocia la mayor prevalencia con un índice de masa corporal más alto, más comorbilidades y mayores limitaciones funcionales, y advierte que el aumento de la obesidad en Colombia, en especial entre las mujeres, eleva su riesgo de desarrollarla.

La artritis reumatoide, la enfermedad articular inflamatoria más común del país, causa inflamación, dolor y deformidades en las articulaciones y puede comprometer los pulmones, el corazón y los riñones. En Colombia afecta cinco veces más a las mujeres que a los hombres, y el daño articular que produce deriva en discapacidad física progresiva, dificultad para las actividades diarias, problemas en la intimidad, fatiga y deterioro de la salud mental.

Según el informe, mantener un peso saludable y prevenir las lesiones articulares reduce el riesgo de artrosis, mientras que la prevención de la artritis reumatoide suma al control del peso el abandono del tabaco, la actividad física regular, un menor consumo de alcohol y azúcar, una buena higiene oral y una dieta balanceada. La carga económica anual de la artrosis de rodilla y la artritis reumatoide llega a $549.000 millones (US$131 millones) en las mujeres y a $673.000 millones (US$161 millones) en los adultos mayores. Ampliar el acceso a la prevención primaria generaría beneficios anuales de $160.000 millones (US$38 millones) en el primer grupo y de $262.000 millones (US$63 millones) en el segundo, equivalentes a ahorros del 29% y del 39%.

Dolor lumbar y cervical

Cerca del 8% de la población, unos 4,3 millones de personas, sufre dolor lumbar, y 1,3 millones tienen dolor cervical. El dolor lumbar encabeza las causas de discapacidad en el país, con 606 años de vida ajustados por discapacidad por cada 100.000 habitantes, aunque las cifras provienen de estudios comunitarios o transversales y faltan datos nacionales para afinar las estimaciones. Los datos globales muestran una mayor prevalencia de ambos dolores en las mujeres, una diferencia que Colombia no puede confirmar porque no cuenta con estimaciones por sexo.

El dolor crónico de espalda y de cuello reduce la capacidad funcional, la productividad y el bienestar, eleva los costos para las personas y para el sistema de salud y se asocia con ansiedad, depresión, trastornos de pánico y alteraciones del sueño, mientras que en los adultos mayores aumenta la fragilidad y anticipa la pérdida de independencia. Por el impacto desproporcionado en mujeres y adultos mayores, el informe recomienda dirigir hacia ellos los esfuerzos y destaca que los programas de educación y ejercicio reducen la recurrencia del dolor lumbar y cervical inespecífico, es decir, sin una causa identificable.

La carga económica anual del dolor lumbar y cervical recurrente asciende a $2,1 billones (US$497 millones) en las mujeres y a $1,4 billones (US$340 millones) en los adultos mayores. Ampliar el acceso a la prevención secundaria mediante ejercicio, educación y rehabilitación ahorraría $947.000 millones (US$227 millones) y $648.000 millones (US$155 millones) al año, cerca del 46% en ambos grupos.

Osteoporosis

El ejercicio con carga de peso, un consumo adecuado de calcio y vitamina D, no fumar y limitar el alcohol ayudan a prevenir o retrasar la osteoporosis, y el diagnóstico temprano con un tratamiento eficaz reduce el riesgo de fracturas por fragilidad, en particular de cadera, columna y antebrazo. Colombia registra el mayor aumento de fracturas de cadera de América Latina, con una incidencia que se duplicó entre 2015 y 2019, periodo en el que las fracturas de columna y de antebrazo casi se duplicaron.

El informe atribuye parte del problema al poco conocimiento de la enfermedad entre el público y los profesionales de la salud y a las demoras en el diagnóstico y el tratamiento. En un estudio con pacientes que sufrieron fracturas por fragilidad en un hospital universitario de Bogotá, la mitad no sabía qué significa “osteoporosis”, un tercio recibió suplementos de calcio y vitamina D y apenas el 10% recibió medicamentos para prevenir la pérdida ósea.

Otro estudio, que revisó 303.982 fracturas por fragilidad, encontró que solo al 5% de los pacientes se le diagnosticó osteoporosis y que entre la fractura y el diagnóstico pasaron en promedio 3,2 años, un retraso al que contribuye la escasez de densitómetros, los equipos con los que se diagnostica la enfermedad. En 2021, Colombia contaba con 2,6 por millón de habitantes, frente a los 11 recomendados, y la mayoría estaban en las áreas metropolitanas. Las consecuencias del subdiagnóstico y del subtratamiento recaen sobre todo en las mujeres, entre quienes la enfermedad es 12 veces más frecuente que en los hombres.

La osteoporosis le cuesta al país $2,1 billones al año en los adultos mayores, de los cuales $974.000 millones corresponden a costos directos de atención, $751.000 millones a muerte prematura y $400.000 millones a pérdida de productividad. Según el informe, promover la salud ósea para reducir la osteoporosis y sus fracturas ahorraría US$111 millones al año, y reducir las fracturas de cadera y columna en los adultos mayores generaría ahorros en salud por $903.000 millones anuales.

Tres frentes de mejora

Las recomendaciones del estudio se agrupan en tres frentes: la conciencia y el cambio de hábitos, la atención integral y la calidad de los datos.

En el primer frente, el informe destaca el valor de una dieta balanceada, un peso saludable, un consumo adecuado de calcio y vitamina D, dejar de fumar, moderar el alcohol y hacer ejercicio con regularidad, una tarea más urgente ante la proyección de que cerca del 30% de los adultos colombianos tendrá obesidad en 2030. Entre las iniciativas del Gobierno, el documento reconoce el impuesto a los productos ultraprocesados, con el que Colombia se convirtió en 2023 en uno de los primeros países del mundo en gravarlos, y la Recreovía de Bogotá, que desde 1995 ofrece clases gratuitas de actividad física en espacios públicos con buenos resultados entre las mujeres y las personas de menores ingresos. También menciona el programa Hábitos y Estilos de Vida Saludable, que lleva sesiones gratuitas a todo el país, cuenta con un 86,5% de participantes mujeres y ha logrado mejoras significativas en su índice de masa corporal y su circunferencia de cintura. Aun así, la falta de coordinación entre actores, los obstáculos políticos y las restricciones financieras limitan el alcance de estos programas.

En el mismo frente participan las organizaciones profesionales, como la Asociación Colombiana de Osteoporosis y Metabolismo Mineral, cuyos programas de educación al público sobre la enfermedad y su prevención podrían extenderse, según el estudio, a otras afecciones musculoesqueléticas. Los déficits nutricionales refuerzan la necesidad de estas campañas, pues una encuesta en Bogotá encontró consumo insuficiente de calcio en el 84% de las mujeres y el 90% de los hombres mayores de 50 años, con mayor riesgo en los estratos socioeconómicos bajos, y en el Caribe la deficiencia de vitamina D llega al 70% entre las mujeres posmenopáusicas. La Federación Latinoamericana de Endocrinología recomienda suplementar de forma rutinaria a las mujeres posmenopáusicas y a los hombres mayores de 50 con deficiencia, así como a los adultos mayores frágiles, aunque hay pocos datos sobre la aplicación de la recomendación en la práctica.

En la atención, muchos profesionales de la salud en Colombia carecen de formación en el manejo farmacológico y no farmacológico del dolor, un vacío más evidente con los adultos mayores, cuyo dolor suele requerir un abordaje a la medida. Un estudio en la región Caribe encontró que el dolor de los adultos mayores se subestima y se trata de menos, y que los profesionales tienen dificultades para reconocer y manejar los factores psicosociales que lo agravan, por lo que los expertos recomiendan programas de formación. El informe recuerda que hace años se recomienda el modelo biopsicosocial, que trata el dolor crónico teniendo en cuenta sus dimensiones psicológicas y sociales, mientras la enseñanza de la medicina en el país sigue centrada en la enfermedad. La Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia diseña e implementa un modelo de humanización de la atención con un enfoque biopsicosocial, y medir su impacto podría ayudar a otras universidades a ajustar sus currículos.

El acceso a la rehabilitación también varía de una región a otra, ya que muchos programas de atención primaria, aunque existen desde hace años, tienen dificultades para sostenerse por falta de financiación y de personal, y quienes viven en zonas rurales y remotas enfrentan barreras mayores. El informe pide al Gobierno integrar la rehabilitación al sistema de salud como un servicio rutinario y accesible y facilitar el transporte de los pacientes con problemas de movilidad o de recursos. También propone aprovechar la telerrehabilitación, que mejoró durante la pandemia de covid-19 y puede llegar a zonas apartadas si se superan sus barreras regulatorias y tecnológicas, y apoyarse en ONG como Humanity & Inclusion (antes Handicap International), que ofrece rehabilitación a colombianos y a migrantes venezolanos.

En materia de información, Colombia recoge datos sobre estas enfermedades mediante estudios transversales y encuestas comunitarias, sin llegar a cifras poblacionales completas. Como miembro del Programa Orientado a la Comunidad para el Control de las Enfermedades Reumáticas (COPCORD), una iniciativa de la Organización Mundial de la Salud y la Liga Internacional de Asociaciones de Reumatología, el país registra el dolor y la discapacidad en las comunidades con encuestas de hogares, entrevistas y evaluaciones médicas estandarizadas. Esos instrumentos, que el país adaptó y validó para poblaciones indígenas, orientan estrategias de educación, control y prevención. La Cuenta de Alto Costo, apoyada por el Ministerio de Salud y Protección Social, aporta información sobre la prevalencia de la artritis reumatoide y sus comorbilidades, mientras que la osteoporosis carece de un registro dedicado y depende de la base de datos SISPRO. Según el informe, SISPRO ha servido para entender la epidemiología de la enfermedad, pero solo registra diagnósticos principales, lo que lleva a subregistrar la osteoporosis, anotada con frecuencia como comorbilidad. Tampoco permite estimar su evolución, la incidencia de fracturas, los tratamientos ni la mejoría de los pacientes, y por eso el estudio pide registros dedicados y con financiación sostenible.

Tareas para cada actor

El informe asigna al Ministerio de Salud y Protección Social, a las redes de salud pública y al sistema de seguridad social la tarea de invertir en infraestructura y personal para crear registros por enfermedad, impulsar políticas que promuevan la conciencia y el cambio de hábitos y fortalecer la capacidad del sistema para manejar estas condiciones. A las organizaciones profesionales les pide sensibilizar a los profesionales de la salud sobre el manejo adecuado de las afecciones musculoesqueléticas, desarrollar guías clínicas y abogar por políticas que amplíen el acceso a una atención integral. A la sociedad civil le corresponde complementar al sistema en la sensibilización y ofrecer rehabilitación comunitaria y servicios de salud mental.

Para el sector privado, el documento propone usar sus canales y desarrollar plataformas digitales que difundan los factores de riesgo y las medidas de prevención, invertir en tecnología para el ejercicio y la rehabilitación y garantizar acceso equitativo a productos y servicios para estas condiciones. Al Consejo Colombiano de Seguridad y al Ministerio del Trabajo les encarga promover y vigilar prácticas laborales ergonómicas y seguras. A los empleadores les pide adoptar políticas que cuiden la salud musculoesquelética de sus trabajadores, con acceso a instalaciones y clases de actividad física, pausas flexibles y capacitación en prevención.

“Para avanzar, necesitamos la colaboración del sector público, el sector privado, los profesionales de la salud y las comunidades, de manera que más personas puedan comprender la información y convertirla en decisiones informadas para su salud diaria”, afirmó Antonio Hernández, presidente de Haleon para la Región Andina.

Al traducir a pesos un problema que en Colombia suele verse como un asunto clínico, el informe lo lleva a la agenda de quienes administran presupuestos y equipos de trabajo. Las tareas que asigna a empresas y empleadores, desde las pausas flexibles hasta las campañas de prevención, convierten además la salud musculoesquelética en un tema de gestión corporativa y de comunicación. La mayor deuda que el documento deja expuesta está en la información, porque buena parte de sus cálculos se apoya en estudios parciales y en tendencias globales, y la precisión de una próxima medición dependerá de que el país construya registros propios.