Emprender: la realidad detrás del sueño

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En esta época de apoyo absoluto a las industrias creativas, las cifras siguen diciendo que solo uno de cada diez emprendimientos supera el primer año de vida. Ahora que La*Liberty se acerca a su primer aniversario es momento, antes que de celebraciones, del primer balance.

De los números no hay mucho qué decir. Las utilidades todavía se cuentan con monedas; por suerte, estaba claro desde el inicio que si nuestro key performance indicator, KPI, iba a ser la facturación, el viaje duraría poco. Tampoco nos quejamos, el negocio nos ha dado para vivir —sin lujos pero con comodidad—, para pagar las cuentas y para salir a tomarnos un trago de vez en cuando.

En cuanto a los aprendizajes, el botín sí es jugoso y queremos compartir algunas conclusiones y reflexiones que tal vez puedan servir a otros con sueños similares.

 

  1. Expectativas

Es bueno llenarse de energía y pensamientos positivos, pero idealizar el sueño creyendo que crear una empresa será la recompensa a los muchos años que soportaste como empleado, o proyectar el crecimiento de las utilidades a tasas superiores a las de la economía del país, no solo puede ser un golpe de knock-out para cualquier idea, sino de hospital para cualquier emprendedor.

 

  1. Sacrificio

La realidad es que no hay recompensa sin sacrificio. Algunas veces, hay que pasar del deportivo último modelo a la patineta eléctrica, al TransMilenio o a la infantería; del restaurante de moda a la comida casera, de la ginebra a la pola… Cualquier peso cuenta, pero por fortuna, no hay nada que nos resulte desconocido.

 

  1. Costos de la independencia

Pasar de director creativo a socio fundador no es una simple cuestión de terminología, sobre todo en un medio como el nuestro en el que la educación financiera, las habilidades comerciales y los conocimientos en materia legal de quienes siempre hemos jugado del lado de la creatividad, son casi las mismas de un niño de ocho años.

En estos meses, aprendimos a valorar la valentía de los que tomaron la bandera de la independencia mucho antes que nosotros (Bombay, Barbara & Frick, GoodFellas…), aunque el gran trabajo que han hecho sigue sin tener el reconocimiento que merece, ni la confianza de los anunciantes que sí existe en mercados como el argentino o el mexicano, donde la repartición de la torta es más equitativa. La frase esa de mejor malo conocido que bueno por conocer nos hace un daño enorme a quienes reclamamos una oportunidad para demostrar que las independientes podemos hacerlo tan bien, o mejor, que las multinacionales.

 

  1. En los zapatos del otro

Aprendimos a reconocer el trabajo de los que antes cuestionábamos. Nos ha tocado ser ejecutivos, financieros, productores, mensajeros y hasta modelos. El ejercicio nos ha fortalecido y cada vez entendemos mejor el negocio y los presupuestos de otros emprendedores, a quienes seguiremos acompañando decididamente.

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  1. Leyes

Descubrimos que la legislación juega más a favor de los grandes. Es inexplicable que la ley para reducir los pagos a proveedores a un máximo de 30 días siga sin ser aprobada en pleno gobierno de la economía naranja. Tener que financiar a compañías cuyos ingresos superan los de tu empresa en una relación de uno a mil (en el más equitativo de los casos), raya en el absurdo. Ni hablar de los requisitos para poder participar en una licitación pública…

 

  1. Licitaciones

Y hablando de licitaciones, hay que decir que la ausencia de reglamentación en esa materia también nos afecta. Si las grandes agencias no han podido ponerse de acuerdo para proteger sus intereses, imaginen los dramas y abusos que sufrimos quienes ni siquiera podemos ser parte de la Unión Colombiana de Empresas Publicitarias, UCEP. No es justo que no se paguen las horas invertidas, que las ideas no puedan protegerse, ni que se cambien arbitrariamente las condiciones, como nos pasó con un reconocido laboratorio y la licitación que ganamos con una campaña que paradójicamente invitaba a llevar una vida sin mancha, y por la cual después ofrecieron pagarnos solo el 10% del costo original. Ante el reclamo, nos dejaron sin nada. Son cosas de este tipo las que más amenazan la supervivencia de una pequeña agencia. El miedo a denunciar con nombres propios solo hace que los abusos se multipliquen. Perdimos el tiempo y el dinero invertido, pero ganamos en experiencia.

 

  1. Cobrar

Nos quedó claro que la habilidad de vender una campaña es muy diferente a la capacidad de gestionar y cerrar un negocio. Por alguna razón, como creativos, nos cuesta abordar con naturalidad el tema de los números. Saber cobrar es algo que no nos enseñan en la universidad ni se logra haciendo campañas de premio. Tristemente, las buenas ideas no alcanzan para sobrevivir en esta selva estéril.

De cualquier forma, emprender es sin duda una de las experiencias más emocionantes y enriquecedoras de nuestras vidas. Tener libertad absoluta para poder decir no, recuperar el control de tu tiempo y de tu vida es algo que ningún salario paga, así que mientras el dinero aguante, seguiremos divirtiéndonos mientras defendemos nuestros sueños, nuestras ideas.

Por: Freddy Méndez, director creativo y socio fundador de LA*LIBERTY.

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