viernes, enero 09, 2026
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En 2026, el marketing deja de “perseguir canales” para diseñar experiencias legibles para máquinas y memorables para personas: IA que potencia la creatividad, datos bien orquestados y contenidos con sentido cultural.

En los últimos dos años la conversación sobre IA pasó de la fascinación a la disciplina. Ya no alcanza con “probar” herramientas: el desafío es operar IA con objetivo de negocio. ¿Qué significa? Procesos creativos más veloces y consistentes, producción modular que evita rehacer piezas de cero y mediciones que distinguen volumen de verdadero impacto. La creatividad humana sigue al centro—define tono, encuadre, insight—, pero ahora se amplifica: borradores en minutos, versiones para múltiples audiencias y aprendizajes que se incorporan al siguiente ciclo. El resultado no es “más contenido”, sino mejores decisiones: invertir donde realmente crece la preferencia y recortar donde solo sumábamos ruido.

Si 2016 nos obligó a pensar en SEO, 2026 exige pensar en GEO (Generative Engine Optimization). Cada vez más búsquedas y recomendaciones ocurren en interfaces conversacionales o multimodales. Para aparecer allí, las marcas deben volverse legibles para modelos generativos: descripciones claras y consistentes, datos de producto estructurados, trazabilidad de fuentes, autoridad temática que se construye con constancia y no con atajos. En la práctica, la pregunta cambia de “¿cómo rankeo mejor?” a “¿cómo ayudo a que me recomienden?”. Eso implica pensar contenidos como bloques reutilizables (texto, imagen, audio) y diseñar experiencias que un sistema quiera citar porque resuelven mejor la intención del usuario. La recompensa es doble: visibilidad en nuevos puntos de descubrimiento y una narrativa más coherente en todo el recorrido.

Atención escasa, experiencias profundas

La economía de la atención vive su momento más exigente. No ganamos por saturación, sino por calidad y contexto. En 2026 veremos crecer formatos inmersivos y colaboraciones con creadores, pero la apuesta ya no será “más grande, más largo, más caro”, sino más pertinente: historias que conectan con códigos culturales locales, utilidades simples que facilitan la vida (desde probar un producto de forma guiada hasta resolver una duda en segundos) y mediciones que miran experiencia, no solo exposición. El retail media seguirá consolidándose por su promesa de segmentación y venta, pero obligará a elevar la creatividad y la ética del dato: personalizar sin invadir, agregar valor sin friccionar.

  • Orquestar datos de primera parte: menos islas, más taxonomías compartidas. Que creatividad, medios y analítica hablen el mismo idioma.
  • Diseñar para GEO: fichas de producto y servicios impecables, FAQs que resuelvan de verdad, consistencia entre web, app y canales conversacionales.
  • Escalar creatividad responsable: bibliotecas de componentes (mensajes, visuales, pruebas sociales) y guías de marca que permitan variaciones sin perder identidad.
  • Medir lo que importa: del CTR a indicadores de experiencia (recuerdo, utilidad, recomendación), con ventanas de lectura que capturen valor a mediano plazo.
  • Cultura y equipo: menos “campañas aisladas”, más aprendizaje continuo. La herramienta ayuda, la práctica transforma.

La tecnología seguirá acelerando, pero la ventaja no estará en adoptar todo, sino en adoptar mejor: IA donde potencia el trabajo creativo y operativo; datos al servicio de experiencias relevantes; y contenidos que, además de ser legibles para los modelos, valgan la pena para las personas. Eso es lo que convierte tendencias en resultados y hace que el marketing, aun en un entorno cambiante, siga siendo profundamente humano.

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Miguel Dallos
Leonardo
Camilo Herrera