La comunicación comercial vive actualmente un momento de enorme relevancia y responsabilidad. Ya no basta con comunicar bien: hoy importa cómo, para qué y con qué impacto se comunica.
Desde mi rol, puedo afirmar que las marcas que comunican responsablemente impulsan resultados de negocio y aportan al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Para los profesionales que hacen parte de esta industria, representa una oportunidad estratégica: asumir que cada mensaje, cada campaña y cada decisión tienen el potencial de generar un impacto positivo tanto en las audiencias objetivo como en la sociedad.
En este contexto, la sostenibilidad dejó de ser un tema exclusivo de áreas especializadas o de reportes corporativos para convertirse en un eje transversal de la estrategia. Parte de mi reflexión es interiorizar que el impacto reputacional y social de la comunicación es parte esencial del liderazgo en marketing. Reconocer que las campañas influyen en comportamientos, percepciones y conversaciones sociales, es una competencia indispensable para los líderes y sus equipos.
Conscientes del poder transformador de la publicidad y marketing, desde la ANDA construimos y desarrollamos la Huella de Comunicación Comercial Responsable, una iniciativa le permite a las organizaciones identificar sus brechas y fortalezas, y tomar decisiones informadas para fortalecer sus prácticas, más allá del cumplimiento normativo.
Y es así, como venimos acompañando a nuestros afiliados, anunciantes de diferentes sectores a evaluar su comunicación. Las compañías que, de manera voluntaria, hicieron parte de la más reciente edición de la Huella de Comunicación Comercial Responsable, participaron en un ejercicio de medición que implicó una revisión rigurosa y profunda de sus prácticas de comunicación comercial. Este proceso culminó en una certificación otorgada por Autocontrol Colombia, la Comisión Colombiana de Autorregulación, que valida, bajo criterios técnicos y exigentes, el cumplimiento de altos estándares en ética, sostenibilidad, autorregulación y respeto por las audiencias.
A través de este ejercicio, las organizaciones alinearon su comunicación con principios vinculados a los Objetivos de Desarrollo Sostenible y fortalecieron la coherencia entre su propósito y su forma de expresarse en el mercado.
Este proceso ha demostrado que la comunicación responsable impacta directamente los resultados y aporta mayor profundidad estratégica al marketing. Estoy segura que cuando las buenas prácticas son asumidas de manera transversal por todos los equipos —marketing, legal, sostenibilidad, comunicaciones y alta dirección— la comunicación deja de ser un esfuerzo aislado y se convierte en una expresión del propósito de la marca. El resultado son marcas más creíbles, con mejor reputación, y conversaciones más significativas, capaces de generar valor sostenido.
En este camino, la autorregulación cumple un rol fundamental. Participar en la Huella es un proceso voluntario, que refleja una convicción profunda: las marcas no participan para obtener un reconocimiento, sino para mejorar continuamente sus prácticas. Tomar la iniciativa, definir estándares propios y someterse a procesos exigentes de evaluación es una señal clara de liderazgo y responsabilidad.
La Huella confirma que cuando las empresas deciden medir y mejorar su comunicación comercial, avanzan hacia una práctica más consciente, coherente y alineada con las expectativas de un consumidor cada vez más exigente. Más que un reconocimiento, es una invitación a la reflexión colectiva sobre cómo comunicamos, por qué lo hacemos y qué impacto dejamos.
El marketing tiene la posibilidad —y la responsabilidad— de liderar esa transformación. Comunicar bien es hoy una decisión estratégica que demuestra buenas prácticas y contribuye a generar impacto positivo desde las marcas.
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