martes, enero 20, 2026

La nueva batalla de las marcas no está en ser más digitales, sino en volver a ser humanas sin dejar de vender.

Durante años, el marketing se explicó a sí mismo con un dibujo cómodo: un embudo ordenado, lógico, casi tranquilizador. Arriba la notoriedad, luego la consideración, al final la compra. Todo parecía controlable. Hoy ese dibujo no describe la realidad. No explotó, no colapsó con estruendo. Simplemente dejó de servir. Y mientras muchos siguen discutiendo cómo optimizarlo, el consumidor ya está comprando por fuera del papel.

Lo que estamos viendo de cara a 2026 no es una evolución orgánica del marketing, sino un cambio de lógica. Uno donde la experiencia digital, física y emocional se convierte en el verdadero terreno de competencia. No porque esté de moda hablar de “experiencia”, sino porque el comportamiento real de las personas ya no cabe en categorías rígidas.

El día que marketing y ventas dejaron de ser cosas distintas

Eventos como el CES o el Big Show de la NRF dejaron una idea clara: la frontera entre marketing, comercio y experiencia es algo invisible. Plataformas como TikTok lo evidencian con crudeza. Lo que antes era un canal de entretenimiento o awareness hoy es TikTok Shop, un punto de venta directo, capaz de convertir inspiración en transacción en cuestión de segundos.

El dato es contundente: las ventas de TikTok Shop superarán los 20.000 millones de dólares en 2026 y más de la mitad de los consumidores en Estados Unidos ya compra a través de redes sociales. No estamos hablando de experimentos, sino de un mercado global de social commerce que se mueve hacia los 2,6 billones de dólares. La pregunta ya no es si esto va a pasar, sino qué tan preparados están los negocios para operar en esta lógica.

El problema es que muchas organizaciones siguen estructuradas para un mundo que ya no existe. Equipos separados, diversas agencias, métricas desconectadas, objetivos que compiten entre sí. Pero cuando una pieza de contenido puede cerrar una venta y una experiencia física puede reforzar una relación digital, esa fragmentación deja de tener sentido.

Comprar ahora, pero también querer escapar

Aquí aparece la gran paradoja de esta era. Mientras el comercio social acelera la compra impulsiva, el consumidor empieza a mostrar señales claras de fatiga digital. No es una teoría: se ve en comportamientos concretos. Filas para jugar pinball en medio del CES, interés creciente por dispositivos que reducen la conexión permanente, regreso deliberado a experiencias físicas, tangibles, incluso análogas.

No es rechazo a la tecnología. Es rechazo al exceso. A la sensación de estar permanentemente mediado por algoritmos, pantallas y automatizaciones visibles. El consumidor quiere eficiencia, sí, pero también quiere sentir que no todo está optimizado para extraerle atención o dinero.

La tecnología más valiosa será la que no se note

Las experiencias más efectivas de los próximos años no serán las que presuman más IA, sino las que la usen mejor. La verdadera sofisticación estará en el backend, no en el discurso. Automatización, analítica, sistemas inteligentes, agentes autónomos… todo eso seguirá creciendo. Pero el frente al consumidor tendrá que ser más simple, más humano, más comprensible.

El caso de Ralph Lauren y su chatbot de estilismo es ilustrativo: no se trata de reemplazar al vendedor, sino de acompañar, orientar y facilitar. La innovación real no está en el algoritmo, sino en cómo distintos equipos: diseño, tecnología y retail trabajan juntos para crear algo que se sienta útil, no invasivo.

El regreso de lo físico no es nostalgia, es estrategia

Durante años se anunció la muerte de las tiendas físicas. Sin embargo, ocurre lo contrario: resurgen, se redefinen y recuperan relevancia. No como simples puntos de transacción, sino como espacios de experiencia, contacto y confianza. En un mundo saturado de estímulos digitales, lo físico vuelve a tener peso emocional.

Esto no contradice el auge del comercio social. Lo complementa. Las marcas que entiendan esto dejarán de pensar en digital versus físico y empezarán a diseñar experiencias híbridas: comprar en un clic, pero vivir la marca en un espacio; descubrir en redes, pero consolidar la relación en el mundo real.

2026 no premiará a las marcas más tecnológicas, sino a las más inteligentes

En este nuevo escenario, trabajar en awareness sigue siendo no solo relevante, sino estratégico. La diferencia es que ya no se trata de presencia vacía, sino de ocupar un lugar en el corazón de las audiencias. Las marcas que logran sostenerse en el tiempo son aquellas que entienden que la notoriedad hoy se construye desde la empatía, la comprensión profunda del contexto y la conexión emocional. Especialmente en un momento donde resurgen lo físico como refugio frente a la saturación digital, entender esa necesidad y responder a ella se convierte en una ventaja competitiva real.

El embudo no murió porque alguien lo haya matado. Murió porque dejó de explicar la realidad. Lo que viene no es un nuevo diagrama, sino una nueva mentalidad: entender que hoy las personas compran, sienten, comparan y deciden en simultáneo.

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Miguel Dallos
Leonardo
Camilo Herrera
5
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