martes, agosto 16, 2022
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Es conocido que el consumidor de hoy en día no es el mismo de hace 15 o 10 años. Ya no comen entero; se cuestionan y ponen la fidelidad a las marcas en juego. Los consumidores día tras día se interesan más por conocer los atributos, valores y, sobre todo, los procesos en producción y venta de los productos que consumen. Los califican y para ellos cobran gran relevancia las prácticas amigables utilizadas por las empresas productoras, con el ambiente ecológico y el impacto social, incluso llegan a preocuparse por el adecuado trato a sus empleados y proveedores.

En 2015, las Naciones Unidas adoptaron los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), como un llamado universal para poner fin a la pobreza, proteger el planeta y garantizar que todas las personas disfruten de paz y prosperidad para el 2030. Aunque no es obligatorio, el que las empresas lo incluyan dentro de sus objetivos, sí contribuye de manera importante al entorno. Esto es un reto muy grande para ellas, para sus productos y servicios.

Si bien es cierto que las empresas pueden apuntar a cualquier ODS, incluso si no hay relación directa con su actividad económica, también es cierto que la mayoría de empresas se han enfocado en los temas sociales.

Por ejemplo:
  • Starbucks contratando adultos mayores en sus tiendas
  • Grupo Éxito comprando frutas y verduras a productores colombianos para apoyar a los agricultores nacionales.
  • Falabella apoyando colegios públicos en temas de infraestructura y acompañamiento pedagógico con voluntariados de sus empleados.

Entre otros ejemplos.

Pero ¿dónde queda el componente ambiental? Los consumidores están tomando conciencia del daño ecológico que estamos viviendo, pero al parecer son muy pocas las empresas que están trabajando por disminuir las emisiones de CO2, por ejemplo, quizá por costos, quizá porque el impacto en los temas sociales se ve a más corto plazo.

Pero lo cierto es que, aunque muchas empresas a nivel global hablan de implementar este tipo de acciones en sus procesos y productos, de acuerdo al Corporate Sustainability Assessment de 2021, solo el 36.8% de las 5.300 organizaciones a nivel mundial, han anunciado realmente sus planes para contribuir a la disminución del daño ambiental.

Por otro lado, es importante resaltar el trabajo realizado por algunas empresas colombianas que se han propuesto convertirse en empresas sostenibles que logran integrar en su estrategia de negocios el uso eficiente de los recursos naturales, siendo esto, una vía para alcanzar un nivel de productividad que le permita competir con otras empresas que aplican el marketing sostenible cuyo enfoque no es otro que el de anticipar y satisfacer las necesidades de los clientes, respetando el medio ambiente. Son empresas que se han preocupado por minimizar los daños ecológicos en las diferentes fases del proceso (diseño, producción, distribución y la promoción del producto o servicio).

Recientemente en The Sustainability Yearbook 2022, aparecen 14 empresas colombianas calificadas como mejores en sostenibilidad. Tres obtuvieron la calificación más alta: Celsia Cementos Argos y Nutresa, destacándose por tener la capacidad de identificar riesgos y oportunidades en lo social, lo ambiental y lo económico.

Esto es una muestra de que es posible tener esta conciencia de sostenibilidad empresarial. Las generaciones están siendo más conscientes del consumo responsable y están midiendo a las empresas no solo por la calidad de sus productos, sino por la implementación de buenas prácticas para toda su cadena de valor.

Es por ello que hay que preocuparse, como es propio del mercadeo, por satisfacer las necesidades y deseos de los mercados, que se logren los objetivos propuestos y especialmente que se adelanten procesos compatibles con los ecosistemas.

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