Con su modelo de pensamiento, este estudio de Branded Content busca que las marcas en América Latina dejen de competir únicamente por espacios publicitarios para conquistar el territorio del entretenimiento con historias capaces de ganar la atención de las audiencias.
Dirty Kitchen ha convertido una idea en su forma de trabajar: Historias bien servidas. Esta metáfora habla de su vocación de servicio hacia los clientes, pero también es un mantra creativo: servir historias que no indigesten a las personas.
Con 15 años de experiencia y más de 300 formatos desarrollados, desde TikTok hasta plataformas como HBO y Amazon Prime Video, Dirty Kitchen parte de una pregunta: qué estarían dispuestas a ver las personas y cómo puede una marca tener un rol relevante dentro de esa historia.
Su apuesta parte de una premisa clara: hoy, las marcas necesitan distinguirse en este entorno donde todo empieza a parecerse. Por eso, la agencia busca que las compañías dejen de pensar únicamente en publicidad y encuentren un papel legítimo dentro del entretenimiento.
“Hoy, una marca no compite solamente contra otra marca. Compite contra las series en Netflix, su creador favorito en TikTok, un partido de fútbol o ese video que alguien te mandó por WhatsApp. Compiten por uno de los activos más preciados de las personas: su atención”, razona Juan Camilo Rodríguez, CEO de Dirty Kitchen.
Para construir esas historias, su modelo integra –desde el comienzo– estrategia, creatividad, producción, posproducción y distribución, con contenidos pensados desde la cultura, el entretenimiento y el comportamiento de las audiencias.
Ceder protagonismo para ganar relevancia
Cuando una marca entra al entretenimiento debe entender que ya no puede controlar cada segundo de la historia, repetir sus atributos o convertir cada escena en una demostración de producto. Según Rodríguez, esta es una de las conversaciones más difíciles con los clientes.
“Paradójicamente, cuando la marca deja de intentar ser protagonista todo el tiempo, puede volverse mucho más relevante. En el entretenimiento no es un tema de qué tanto se ve la marca, sino de qué tanto aporta a la historia de una manera creíble para generar emociones en las personas”, detalla Rodríguez.
Ejemplo de ello es la apropiación del barrio El Pedregal (Comuna 6) en Medellín, de la mano del cantante urbano Ryan Castro, para llevar allí la pasión del Mundial, desarrollada para Colombiana. También cocreó con TikTok shows, como Sola Vete, que alcanzó más de 100 millones de visualizaciones.
“En todos esos casos, primero había algo que la gente quería ver. Después, había una marca que tenía razones para hacerlo posible”, revela Rodríguez.
Aprender a decir no
Uno de los mayores aprendizajes de estos 15 años es que una gran idea puede perder fuerza cuando acumula mensajes, llamados a la acción, apariciones de producto o restricciones. Poco a poco, deja de ser la historia que alguien escogería ver y vuelve a convertirse en publicidad disfrazada.
Según indica, cuando una marca logra crear entretenimiento, las personas pueden ver hasta 120 % más de contenido o generar hasta 80 % más de recordación y vínculo emocional.
Su modelo apunta a transformar a las marcas en plataformas capaces de contar historias relevantes alrededor del impacto que generan. Ejemplos de ello son De Colombia pa'l mundo, desarrollada para Bancolombia y disponible en HBO; Piazza Busca Comedy Manager, el primer reality en TikTok junto a Piazza; o la apropiación del barrio El Pedregal en Medellín, desarrollada para Colombiana.
“Nuestro mayor aprendizaje es que el entretenimiento exige valentía de ambos lados. Es un trabajo en equipo con los clientes, pues ambos buscamos proteger la historia y los objetivos de la marca, hasta hallar un gran balance. Es un plato que se prepara en equipo”, advierte Rodríguez.
Pero en este camino también han tenido que aprender a decir que no.
“Hay proyectos que probablemente deberían ser un buen comercial y no una serie o una historia, y está perfecto. El branded entertainment funciona cuando existe una historia que merece ser contada y la marca tiene legitimidad para contarla”, señala.
El resultado detrás de las historias poderosas
El entretenimiento puede construir marca y negocio cuando los indicadores se definen desde el inicio y el modelo se integra a la estrategia de mercadeo.
A la hora de medir resultados, el estudio busca conectar tres niveles: atención, impacto en marca e impacto en negocio. Según el proyecto, esto incluye tiempo de consumo, sentimiento, conversación, búsquedas o asociación con territorios de marca.
“Tenemos casos en que una serie ayudó a aumentar 15 puntos la asociación de marca alrededor de un territorio, o impactamos en más de 17 % los resultados de negocio de una promoción. Otros contenidos han generado 250.000 registros de first-party data”, afirma.
El desafío –confiesa– está en definir desde el comienzo cuál es el trabajo que debe hacer cada historia. “No todas las historias necesitan años para demostrar resultados, pero tampoco podemos exigirle a cada contenido que se comporte como una pieza de performance. No hacemos publicidad más entretenida. Creamos historias que las personas quieren ver, en las que la marca tiene un papel legítimo y cuyo retorno puede medirse”.
Este artículo es una Colaboración paga con Dirty Kitchen.
Artículo publicado en la edición #505 de los meses de agosto y septiembre de 2026.
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