martes, junio 02, 2026

El 11 de junio rueda la pelota en el Estadio Azteca y comienza el Mundial más grande de la historia: 48 selecciones, 104 partidos, 39 días, tres países anfitriones (Estados Unidos, México y Canadá) y una audiencia que supera los 5.000 millones de espectadores. Para Colombia el reloj es aún más concreto: el 17 de junio debutamos contra Uzbekistán en el Azteca, el 23 enfrentamos a Congo en Guadalajara, y el 27 jugamos el partido más esperado, Colombia vs. Portugal en Miami. Tres fechas que van a paralizar al país.

Hay una oportunidad disfrazada de problema. La FIFA blindó este Mundial como nunca: México aprobó en abril una reforma que tipifica el ambush marketing con multas y zonas de exclusión de tres kilómetros alrededor de estadios y Fan Fests y en Colombia se emitieron cartas oficiales que blindan el uso de muchos términos. No puedes usar logos de FIFA, decir "Mundial 2026", usar la mascota, ni asociarte a la Selección sin pasar por la Federación. Si tu plan era ese, cancélalo.

Pero hay una clave que pocas marcas están leyendo bien: la FIFA es dueña de los logos, no es dueña de las emociones. No es dueña del orgullo del padre que ve a su hijo gritar el primer gol de Colombia. No es dueña de la mesa familiar de un sábado a las 4 de la tarde. No es dueña del nudo en la garganta cuando suena el himno ni del abrazo al desconocido cuando entra un gol. Eso es territorio universal, y es ahí donde las marcas inteligentes van a ganar este Mundial.

No hace falta decir "Mundial" para que todos sepan que estás hablando del Mundial. Una marca de alimentos puede contar las recetas que solo aparecen "los días importantes". Una telco puede mostrar a hinchas colombianos en el exterior conectándose con su familia para gritar el gol juntos. Un banco puede activar una conversación sobre "el equipo de tu vida". Una aerolínea no necesita pronunciar la palabra Copa para mostrar familias volando a Norteamérica en junio. El truco está en hablar de lo que la gente siente, no del evento que está viendo.

Nike ya lo demostró. En Londres 2012 no era patrocinador olímpico, Adidas lo era, y aún así lanzó Find Your Greatness, filmada en pueblos llamados London alrededor del mundo: en Ohio, en Jamaica, en Nigeria. No mencionó los Juegos ni usó los aros olímpicos. Se llevó la conversación entera. Nielsen Sports documentó que las marcas no oficiales pueden alcanzar hasta un 27% de recordación espontánea cuando conectan emocionalmente. Nike lo logró sin pagarle un centavo al COI.

Lo digo desde mi experiencia. En Bia Energy estamos por lanzar la Ruta Mundialista, una experiencia para los clientes que decidieron cambiarse de comercializador de energía y hoy son parte de Bia, con eventos y activaciones para vivir el Mundial juntos en las principales ciudades del país. La campaña que la acompaña se llama La energía que nos mueve. No hablamos de kilovatios. Hablamos del papá que madruga a llevar al hijo al entrenamiento, del esfuerzo invisible detrás de cada sueño que llega a una cancha, de la energía humana que mueve a las familias, a las empresas y, al final, a los países. El fútbol es la metáfora más perfecta para contar esa historia.

Van a salir dos tipos de marcas de este Mundial. Las que se subieron a la ola con inteligencia y se llevaron meses de conversación pública casi gratis, y las que se quedaron mirando, paralizadas entre el miedo a FIFA y la idea de que esto era solo para presupuestos como el de Adidas. No necesitas ese presupuesto. Necesitas una historia genuinamente tuya que conecte con lo que el país va a estar sintiendo entre el 11 de junio y el 19 de julio.

La FIFA tiene la pelota. Las emociones siguen siendo de quien las cuente mejor.

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