domingo, junio 16, 2024
Santiago Nieto

Se trata de una forma de comunicación que ejerce influencia, impulsa a la acción y produce resultados.

Existe un mito que viene de tiempo atrás, donde una persona que ayudaba a entregar información de una persona a otra se le denominaba mensajero. No me refiero a esos relatos donde los comunicadores sociales se nos tratan de simples mensajeros en las organizaciones, que reducen nuestra labor a enviar correos electrónicos desde una casilla genérica o que únicamente estamos disponibles para publicar información en las redes sociales corporativas o en las carteleras físicas. Donde nuestro día a día sucede entre diapositivas de PowerPoint que requieren de un retoque estético. Esas son patrañas que ni siquiera merecen mención alguna.

Este relato se remonta hasta la antigua Grecia y nace con Hermes, el hijo del padre de todos los dioses, Zeus, y la ninfa Maia. Un personaje astuto y hábil que mostró talento en distintas áreas, pero principalmente es conocido por servir como intermediario entre dioses y mortales, al entregar decretos y mensajes. Incluso se le atribuye la invención del alfabeto griego, lo cual evidentemente facilitaba la comunicación entre estas audiencias.

Su tarea iba más allá, mucho más allá, porque trascendía los límites mortales. También era considerado un guía que conectaba el mundo de los vivos con el reino de los muertos. Un personaje con una tarea que, a simple vista, se reducía a llevar un mensaje de un público a otro, pero que si lo analizamos con detalle, se adaptó a los nuevos retos usando diferentes medios y tecnologías. Innovó en su manera de transmitir conocimiento y emociones, y lo hizo conectando puntos, contando historias de forma clara y efectiva.

Encontró que la comunicación es una herramienta potente que, usada de manera persuasiva, puede ayudar a otros a cumplir objetivos. Una comunicación que influye, que lleva a la acción y a resultados. Una comunicación que trasciende el tiempo y el espacio, permitiendo conectar a aquellos que están en distintos sitios o momentos.

Ya en este punto, no sé si sigo hablando de Hermes o del verdadero rol de un comunicador organizacional; sin embargo, sirve para ilustrar que somos más que mensajeros, somos guías. Somos los encargados de conectar los puntos en las organizaciones. Traducimos lo que escuchamos, lo que vemos, en un lenguaje que todos entiendan.

Así que la próxima vez que sientan que los tratan como mensajeros, siéntanse orgullosos porque si somos como Hermes, el mensajero divino, significa que estamos haciendo la mejor labor para entregar información dentro de la organización.

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