viernes, agosto 19, 2022
Carlos Martinez

Crímenes empresariales. Sir Arthur Conan Doyle escribió hace cerca de 130 años los libros de Sherlock Holmes. A pesar que el personaje hace referencia a un detective privado, es sorprendente lo mucho que los industriales y/o ejecutivos de hoy tenemos que aprenderle. En el fondo, este detective soluciona muchos de los desafíos que enfrenta a partir de su gran capacidad de observación, de su fijación en los detalles y del hecho de no asumir, de investigar para encontrar la raíz de los problemas, todos estos elementos que hoy hacen mucha falta al liderar organizaciones.

crimenes empresariales

Si comparamos la vida de un detective y la de un líder de una organización no cambia mucho. Lo primero que hace un buen investigador (según Sherlock Holmes) es evitar generar teorías de lo sucedido: “Es un error capital teorizar antes de poseer datos. Insensiblemente, uno comienza a deformar los hechos para hacerlos encajar en las teorías, en lugar de encajar las teorías en los hechos”.

Sin embargo, en las organizaciones empresariales no parece que hayamos aprendido esto. Una vez aparece un “crimen empresarial”, un problema común en una organización, las “cabezas” de las empresas o de las áreas saltan a generar sus hipótesis. Como consecuencia, piden a sus colaboradores conseguir la data para corroborar lo que están pensando.

Como consecuencia, buscan únicamente los datos que ayudan a soportar las ideas preconcebidas. Los datos que van en contra de la misma, normalmente se eliminan, bien sea por temor del colaborador de turno a la reacción de su jefe, o al sesgo de atención que genera el hecho de dirigir la búsqueda con un objetivo preestablecido.

Por ende, muchas compañías están enfocadas en big data, o en muchos datos… pero datos que reafirmen las ideas de sus líderes. Por esto, las organizaciones no logran solucionar de raíz los problemas y estos terminan repitiéndose y se convierten en enfermedades crónicas.

Volviendo a los investigadores, los verdaderos culpables de los crímenes nunca son hallados, la impunidad de los crímenes empresariales es el resultado de incumplir los principios de Holmes.

La solución para estos crímenes es combatir nuestro natural deseo e instinto de suponer: “Nunca supongo. Es un mal hábito, destructivo para la facultad lógica”, dice Sherlock Holmes. Cuando empezamos a suponer, estamos cegándonos de miles de oportunidades, estamos matando cientos de datos, de hechos que podían mostrarnos diferentes alternativas de solución.

Yo supongo, o doy por hecho que… normalmente son la forma de arrancar una frase en la cual la investigación nunca va a encontrar al verdadero culpable. Pensemos siempre que no debemos llenar los vacíos de información con suposiciones; si bien eventualmente llegaremos a esquinas sin datos o hechos, es vital no dejarnos llevar por nuestro afán de saltar a las conclusiones.

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Una vez nuestro investigador está en la escena del crimen tiene la capacidad de no obviar lo obvio, de buscar detalles y seguir las pistas. “El mundo está lleno de cosas obvias, que nadie por casualidad alguna vez observa”, dice Sherlock Holmes. En la vida empresarial, muchas veces nos enfocamos en perfeccionar las ideas, los planes de escritorio, pero olvidamos que en la ejecución nos jugamos la vida: miremos donde otros dan por hecho.

Aprendamos de Sherlock Holmes, entendamos que la vida empresarial es la escena de los crímenes empresariales diarios, tengamos la curiosidad de investigar a fondo y la sensatez de no suponer, de no dejarnos llevar por nuestro afán de saltar a la solución. Perdamos la pereza mental.

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