Se dice que uno maneja por la derecha, cumpliendo con las normas y la velocidad; pero cuando algo va más lento de lo que uno puede ir o hay un obstáculo, se pasa a la izquierda, acelera, avanza rápido gastando gasolina y poniendo a prueba los límites de las normas, para pasar el obstáculo y volver a manejar por la derecha.
Claro, lo mismo se podría decir manejando desde la izquierda en Inglaterra e incluso es posible que usted haya recordado el comercial de un carro que pasaba dos grandes carrotanques en carretera, para decir que era de dos litros.
Ser de derecha o de izquierda no es malo; lo malo es no saber si sus clientes, compradores y consumidores lo son, porque las posiciones políticas, los imaginarios sociales e, incluso, el activismo político hoy nos dicen mucho más de nuestras audiencias que el estrato donde viven, su ingreso, edad o género, a tal punto que ya debería ser usual preguntar si la persona se considera de izquierda o derecha para analizar bien los resultados de cualquier investigación.
En 2026, el mundo occidental gira a la derecha, mientras China sigue con un gato comunista de libre mercado1, Rusia tiene un libre mercado autocrático sin personalidad política y Europa sufre por su exceso de gastos sociales y el aumento de una migración musulmana que amenaza con transformar su cultura. Así, la llegada o retorno de Donald Trump no es una sorpresa, sino un síntoma de los tiempos: la gente hoy quiere más tradición que revolución.
Por esto, al revisar sus estudios de audiencias, investigaciones de mercado, mercados objetivos e incluso sus campañas masivas o focalizadas, es cada vez más importante saber en qué frontera política, pensamiento social y línea de activismo están sus consumidores para comunicar de la mejor manera posible.
Lo que no podemos seguir haciendo es ser “políticamente correctos”, sacándoles el cuerpo a los debates políticos, porque puedan “funar” la marca. Debemos volver a ser valientes y defender los valores en los que nuestras marcas creen, sean los que sean y dejar de acomodarnos a cada tendencia política del momento: no ser ambientales, porque es la moda; no tener propósito social, porque lo piden algunos consumidores, ni mucho menos hablar de equidad de género con una junta directiva completamente masculina.
El mercadeo debe solucionar necesidades y la publicidad debe informar cómo la empresa va a hacer esto, contando una historia que hable del producto, de la marca, de la historia, de una historia que cause identidad y aporte a construir sociedad, no salir a decir “sí” a todo lo que las redes sociales griten, porque eso es dejar que las marcas pierdan su identidad, sentido y propósito real.
Por eso, debemos dejar de ser “políticamente correctos” y volver a ser “correctamente creativos”, para cuidar a nuestros consumidores, productos, marcas y empresas. Necesitamos volver a hacer publicidad cruda, real, agresiva, que nos ponga los pelos de punta y que deje de preocuparnos que a algunas personas esto pueda parecerles ofensivo. ¡Claro que la publicidad puede y debe ser ofensiva en muchos casos!, porque el costo de quedarnos callados y decir lo que los nuevos moralistas quieren oír, es que terminemos siendo como ellos y no como nosotros mismos.
Nota final. Por esto, el hecho de que un gobierno de “derecha” mande quitar piezas “de izquierda” de un museo, no solo es una soberana estupidez, sino una negación de la realidad misma.
También le puede interesar: Colsubsidio: 69 años construyendo una relación que evoluciona con el país