Sentarme a escribir la columna mensual no fue fácil. El único tema que se me podía venir a la cabeza fue la gran tragedia que vivimos los colombianos este 10 de agosto. Y si bien somos un país que siempre ha sido golpeado en varios frentes, ver la magnitud y el impacto del terremoto claramente nos ha dejado nublados.
Entonces, y como consecuencia de mi falta de atención para poder hablar de cualquier otro tema, quiero compartir la reflexión o tal vez invitación, que como personas de esta industria puede seguir teniendo impacto a largo plazo.
Sabemos que la primera semana después de un desastre natural siempre es la más difícil. Entender la magnitud, lograr rescatar a las personas, movilizar a la comunidad para reunir donaciones. Y en esto, creo que tanto los individuos, como el Gobierno y la empresa privada han sido impecables en estos primeros días. Me llena el corazón ver, por ejemplo, cómo en D1 de Bogotá están agotados muchos de los productos no perecederos. Eso quiere decir que todos estamos poniendo un granito de arena.
Sin embargo, me preocupa que en pocas semanas, cuando el ciclo de noticias y las demandas de nuestra realidad opaquen el tema y volvamos a nuestras rutinas, olvidemos que la recuperación y la reconstrucción tomarán meses, tal vez años.
Y no es que dude de la buena voluntad, pues creo que todos los Colombianos estamos igual de impactados y con las ganas de seguir aportando. Pero también sé, por experiencia, que nuestra atención funciona así: se enciende fuerte con lo urgente y se apaga sola cuando la vida, el trabajo u otra calamidad vuelve a exigirnos un foco diferente. Y ahí es donde creo que nuestro oficio tiene algo que aportar.
Los que trabajamos en PR y mercadeo sabemos hacer algo que no es tan común: sostener un tema en el tiempo aunque ya no sea noticia. No tiene que quedarse en la donación del primer día o en el post de esa semana. Se puede, y creo que se debe, seguir contando cómo va la reconstrucción un mes después, dos meses después, cuando ya nadie más esté hablando de eso.
Y ese seguimiento también depende de nosotros en otro sentido, tenemos acceso a los medios, a las audiencias, a los espacios de influencia que otros no tienen. Podemos seguir llevando historias de Chocó, Risaralda, Caldas y el Valle del Cauca a la conversación pública mucho después de que dejen de ser noticia de primera plana, que es justo cuando más se necesita.
No pretendo decir que hay que montar campañas eternas ni convertir una tragedia en contenido. Simplemente creo que podemos usar lo que sabemos hacer, contar historias, sostener conversaciones, mover audiencias, para que el país no le suelte la mano a estas regiones cuando el algoritmo decida que ya no es tendencia.
Ese es el llamado que les quiero dejar este mes. Pensemos juntos, desde nuestras marcas, nuestras agencias y nuestros espacios de influencia, cómo mantenemos viva esta causa mucho después que ya no sea el tema principal de conversación.
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