sábado, julio 20, 2024
Carolina Orjuela

Hace unas semanas, recibí un boletín de Strategyzer titulado "Ignore your detractors" de Tendayi Viki, que me dejó pensando profundamente.

Los detractores son esas personas que no creen en ti, en lo que haces, ni en lo que eres capaz de lograr. No escuchan lo que dices y se aferran a su versión. Disfrutan haciendo comentarios sarcásticos, utilizando la sátira e incluso las risas burlonas. Buscan el más mínimo detalle para agrandarlo, y lo hacen crecer dentro de la organización como una bola de nieve. Generalmente, caen en conductas pasivo-agresivas.

¿Quién no ha tenido detractores en la vida?

He reflexionado sobre todos los detractores que han pasado por mi vida profesional (porque también los hay en la vida personal y, a veces, hasta uno mismo puede ser su propio detractor).

El primer detractor que recuerdo fue el Presidente de una organización. Cuando el Gerente me contrató, él dijo: “Carolina no es lo que estoy buscando. Esa niñita no va a durar mucho en esta empresa. Si la quiere dejar, hágalo bajo su responsabilidad”. El Gerente vio algo en mí y apostó por mí. Después de algo más de tres años, cuando renuncié, el Presidente me dijo: “¿Sabe qué? Con usted sería la única persona con la que volvería a trabajar de esta empresa. Me sorprendió y superó todas mis expectativas”. Hoy recuerdo a este señor con mucho aprecio y me enorgullece pensar que mi actitud, mi esfuerzo y mis resultados hicieron que cambiara de opinión.

Desde entonces, he tenido infinidad de detractores. Trabajando casi una década en innovación y en consultoría, es imposible no tener millones de detractores de todos los tamaños, estilos y calibres.

Tendayi Viki, en su boletín, decía: “En cada empresa también hay un grupo apasionado de detractores. No apoyan la innovación y, en algunos casos, se convierten en detractores activos de cualquier programa que los líderes intenten implementar. Lo que observé en la mayoría de las empresas con las que trabajé es que los detractores parecen recibir más atención que los creyentes en la innovación. Esto se debe en gran medida al hecho de que los humanos han evolucionado para prestar una atención desproporcionada a las amenazas percibidas. Pero no importa cuánta energía y tiempo dediquemos a los detractores, es muy difícil convertirlos a nuestra causa. Simplemente absorben energía y nos frenan. Mis viajes durante el último mes me han convencido aún más de algo que siempre me ha apasionado. Siempre que sea posible, debemos ignorar a los detractores y poner toda nuestra energía en apoyar a los creyentes”.

Mis reflexiones me llevaron a redireccionar la opinión de Tendayi Viki. Para mí, hay que enfocarse en el valor que uno agrega a la empresa, al equipo y a las personas. Y con valor me refiero a: ¿qué aporto? ¿qué complemento? ¿qué doy? ¿a qué vine? ¿qué puedo hacer mejor? El valor debe ser la estrella del norte que guía el camino, la que seguimos a pesar de los detractores y las turbulencias que aparezcan.

Cuando se vibra, se ama y se disfruta lo que se hace, ¡no hay pierde! Si se está convencido de lo que se puede aportar y hacer, si se cree genuinamente, si se escucha la intuición, si se valora el aprendizaje de los errores, si se tiene la humildad de aprender lo desconocido, si ante la caída hay una sensación de “vamos por la siguiente”, si se es curioso… ¡no hay pierde!

Mi recomendación ampliada es: los hechos y los resultados siempre serán más fuertes y potentes que las palabras.

Y termino esta columna de opinión con una frase de una amiga: “NADIE te observará tanto como las personas a las que no les agradas. Asegúrate de darles un buen espectáculo”.

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