A los columnistas de Revista P&M se nos avisó que esta edición incluiría un estudio sobre marcas direct to consumer [D2C] en Colombia. Agradezco el gesto a nuestra directora de contenidos, ya que, originalmente, esta entrega de Efecto Valora estaba escrita para transitar exclusivamente por los fértiles –y subexplotados– territorios del branding business to business [B2B].
Pues bien, este texto es distinto al original. Como deben hacerlo las marcas cuando se necesita y como señalan los brand audits, apliqué un pequeño rebranding para que conviva armónicamente con la edición 504 de la revista, sin alterar la esencia de la columna ni desviarme de mi temática.
De no hacer esta confesión, usted querido lector, probablemente no se habría dado cuenta de esta evolución, y sentiría que esta entrega modificada es armónica y está alineada con el contenido de esta edición particular de la revista. Aunque apenas sea mi segunda colaboración y Efecto Valora está iniciando su trayectoria, permítanme la siguiente licencia creativa.
El anterior ejemplo ilustra lo que debería ser un correcto rebranding para una marca consolidada. No necesariamente debe ser disruptivo, ni mucho menos “quemar los puentes” con su pasado, y siempre debe sustentarse –idealmente de manera proactiva– en una auditoría de marca.
Sin ir más lejos, pongo como ejemplo a la marca ecuatoriana Floralp, que hace apenas unos días se alzó como Best of the Year en los Best Branding Awards Ecuador 2026, gracias a su reciente rebranding de la mano de Aldasbrand.
Floralp es una marca ecuatoriana clásica. Aunque fue creada en 1964, su relato se apalanca fuertemente en su fundador: Oskar Purtschert Scheidegger, un maestro quesero suizo que llegó a Sudamérica en 1949. Por más de seis décadas, Floralp se ha consolidado como emblema de excelencia, buen gusto y auténtica herencia quesera suiza.
Sin embargo, los brand audits revelaron que necesitaba una evolución. La marca dio un paso hacia adelante y transformó su identidad visual (logotipo y packaging) sin perder su esencia y sin dejar de lado su relato. Este sutil rebranding de imagen no busca un reposicionamiento, sino mantener su lugar frente al nuevo consumidor de cara a 2030.
El cambio de imagen logró su cometido y mantuvo intacto su prestigio. Este rebranding visual no fue provocador ni rompió esquemas; sin embargo, respondió de manera sobresaliente al desafío. A través de una solución prolija que conservó lo que debía mantenerse, generó un gran impacto positivo en sus consumidores y en la industria ecuatoriana, que lo escogió como el mejor caso de branding del año.
Artículo publicado en la edición #504 de los meses de junio y julio de 2026.
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