domingo, diciembre 04, 2022
Carolina Mejía

Transmitir nuestros conocimientos a futuras generaciones es una labor importante, que debe llevarse a cabo con pasión y rigurosidad.

Llevo varios años dictando clases en distintos escenarios, tanto universitarios como en escuelas especializadas de publicidad, y estoy convencida de que conforme avanzamos en nuestras carreras y profundizamos en el conocimiento de una disciplina, más comprometidos debemos estar con transmitir nuestros conocimientos a las generaciones que relevan nuestra industria.

Para mí, el ejercicio de enseñar ha sido un proceso fundamental no solo personal sino también profesional, y quiero compartir con ustedes algunos aprendizajes que me ha dejado, con el fin de que se animen a hacerlo y a reconocer el valor que puede tener también en sus vidas.

En primer lugar, siento que es una tarea que debe abordarse con responsabilidad, debido al peso que tienen nuestras afirmaciones en personas que están aprendiendo un nuevo oficio. Esto exige prepararse adecuadamente para cada sesión, tener claridad de lo que se enseña y asegurarse de que está fundamentado en teorías vigentes y pertinentes.

Por lo anterior, es indispensable tener ejemplos y casos que sean actuales y relevantes para los estudiantes. Me he dado cuenta de que, aunque siempre queremos mostrar las grandes campañas internacionales que han ganado todos los premios, también es importante tener casos que integran los matices de nuestra cultura, en especial cuando hablamos de publicidad en tiempo real y de PR stunts que la gente recuerde y pueda relacionar más fácilmente.

Por supuesto, en la docencia es fundamental que seamos capaces de disecar los conocimientos para poder explicarlos de una forma clara y práctica. Este ejercicio requiere entender profundamente un tema para que sea posible transmitirlo desde distintos ángulos y resolver los cuestionamientos que podamos recibir.

Lo más gratificante para mí y tal vez lo más útil para los estudiantes es poder adaptar la teoría a la práctica. Es mostrar cómo lo que formulan los textos se usa en la vida real, cuestionar eso que a veces no es útil y también proponer nuevas formas de abordar la teoría. Yo tengo la firme creencia de que aprenderse y usar un modelo de pensamiento solo por descrestar o para “enredar” no tiene ningún valor. Si al final no podemos sacar estrategias útiles y efectivas para las marcas, entonces lo que estamos haciendo no está realmente aportando a nuestro oficio, sino construyendo nuestros egos.

La docencia, por otra parte, nos enseña paciencia y tolerancia ante la frustración. En mi experiencia solo un porcentaje pequeño de la clase participa de forma activa, haciendo preguntas o comentarios, y cuando se enseña de forma virtual pocos prenden la cámara, lo que hace que no siempre sea un ejercicio gratificante, sino más bien uno de humildad. Enganchar a los estudiantes para que se enamoren de lo que uno les enseña es un desafío permanente, y cambia con cada grupo que uno encuentra. No deja de asombrarme que haya tantos estudiantes que aun cuando están en un tema que les aporta directamente a su formación y que han escogido de forma voluntaria, sean tan indiferentes y hagan tan poco esfuerzo por aprender.

Más allá de que a veces haya días difíciles en este ejercicio y de que la formación virtual siga teniendo muchos desafíos para captar y mantener la atención, soy una fiel creyente de que cuando enseñamos, podemos ayudarles a los profesionales de mañana a tener un mejor criterio, a fortalecer un pensamiento estratégico que permita aportar a la creación de campañas y de marcas que cambien la realidad de nuestro país con verdaderas propuestas de valor. Apostarle a enseñar es apostarle a una mejor versión de nuestra industria.