martes, abril 23, 2024

Nosotros –los que entramos al medio en la época del mercadeo digital– no solemos ser muy cercanos a los premios. Éramos los del cuarto de Betty, la fea y, la verdad, entre mirar premios y hacer que la página web funcionara, lo segundo siempre ganaba.

Los premios crecieron en mi corazón lentamente, pero siempre he pensado que al amor hay que ponerle razón. Justamente, aprovechando esta gala de los TOP10 de la industria, me apetece darle una vueltica a ese amor. Comencemos:

Lo bonito

Encontrarnos todos en un mismo lugar, para echar pola, tinto, té o lo que apetezca para compartir un chismecito o la anécdota del año siempre va a ser divertido y bonito. Creo que vernos y reconocer a las personas que hacen un aporte importante a la industria es más que necesario. Lo que no se muestra no se vende.

Bonito, bien bonito es ver esas campañas que asombran y cambian la forma de hacer comunicación, publicidad y mercadeo. Reconocer el trabajo excepcional, que todos sabemos que cuesta sangre, sudor y lágrimas, siempre será bienvenido.

Ver en qué estamos, cómo vamos, hacia dónde nos movemos, tendencias…, eso sí que es bonito. Los premios nos muestran un pedacito del presente, pero también del futuro.

Y para los más cercanos al negocio, yo incluida, la valoración en bolsa, el bono, el ascenso… también son muy bonitos.

Lo feo

Feo, pero muy feo es que se premien las ideas con datos no reales o que todos sabemos que –porque todos sabemos cuáles son– nunca lograron lo que prometieron. Poner el storytelling por encima de los resultados reales es muy de los 90; ya cambiamos de siglo. No más truchos, por fis.

Reconocer solo a algunos que participaron en las ideas y no a todos los que aportaron en ella está muy muy feo. Es difícil ver una idea en la que trabajaste y que viste crecer, sin que aparezcas por ningún lado; eso duele. Amigos que escriben los casos, por fis, no solo política en los créditos, también justicia por los que trasnocharon y sudaron la idea.

El futuro

No creo que se acaben, porque reconocer y dar un crédito a los que cambian las cosas y suben la vara siempre será importante. Pero tengo fe en que en Colombia sigamos premiando el talento real (no el políticamente correcto o el que es bueno para el negocio), que incluyamos no solo a las personas más visibles de la industria, sino a aquellos que están en el campo de batalla, a los científicos o a los creadores de nuevos productos y servicios. Un espacio en que la tecnología no sea solo incluir inteligencia artificial, sino una idea con alto impacto real, medible en la sociedad y que cambie la dinámica económica de nuestro país. Premios que nos saquen del egocentrismo.

Ahí les dejo un pequeño aporte desde el corazón. Y para cerrar, me entra una nostalgia infinita por el Anuario de la Publicidad, de P&M; atesoro los que tengo como una parte importante de mi carrera. Hago un llamado a mis amigos de la revista para traerlo de nuevo a la vida: ese grandioso producto nos permitía revivir las mejores campañas y las comunicaciones que marcaron generaciones. Ahí les dejo y me retiro lentamente…

Artículo publicado en la edición #490 de los meses de febrero y marzo de 2024.

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