Una nueva ola

El chip, término perfectamente aceptado en español y que describe una pequeña pieza de material semiconductor, que contiene múltiples circuitos integrados que hacen funcionar los dispositivos electrónicos, está asociado a cómo opera el cerebro, por lo que suponemos que esa similitud haya sido la causa para acuñar la frase cambiar el chip. Sin embargo, aunque parece ser que Google lo sabe todo, nos llevamos una gran sorpresa cuando notamos que la expresión tan usada en los últimos tiempos está enlazada más a
sitios que promueven el crecimiento personal, la vida sana y el cambio de mentalidad para subir la autoestima, que a sitios en los que se hable del high tech o del desarrollo de la tecnología en función de la nueva cultura del siglo XXI, o hipermodernidad, como la ha llamado Gilles Lipovetsky.

Publicado en la Revista P&M Ed. 426. Agosto de 2016 ISSN 0120-5293

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El filósofo, invitado de honor a Cartagena Inspira (la renovada propuesta del Congreso de Publicidad), ha descrito esa cultura enunciando dos características particulares: una regulación de alcance global y la invasión de las tecnologías que sin asomo de duda trasforman el concepto de cultura. Y es que comprender para qué se acaba de inaugurar una fábrica de 13 kilómetros de extensión en Silicon Valley para hacer carros eléctricos que operan sin conductor, encontrar la utilidad de hacer turismo espacial o entender, por ahora, cómo la creatividad será obtenida mediante algoritmos, definitivamente nos exige cambiar el chip, lo que es sinónimo de un cambio de pensamiento y, por supuesto, de acción.

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Los expertos de las diferentes disciplinas organizacionales estudian sin tregua por qué la gente no cambia tan fácilmente, y parece que los resultados de esos estudios concluyen que los individuos afrontan grandes cambios de la vida sin problemas, pero que los cambios pequeños provocan traumas. Dimensionar un cambio de pensamiento es ambicioso, pero habrá que sacar las primeras ideas al respecto, porque el acceso inmediato a las redes informáticas y sociales, y el hiperconsumo en permanente búsqueda de lo novedoso, nos sitúan en medio de una cultura tecnocientífica inseparable de la industria comercial y de la innovación, que nos exige ver el mundo con otros ojos.

Así como la nueva ola francesa en el cine, en la ciencia ficción o en la música, en los años 70, fue expresión del deseo de romper esquemas convencionales para adoptar otras formas de vida, hoy, lo que hemos llamado la Tecnoinspiración, es una nueva ola hacia la
adopción total de esta nueva forma de ver el mundo y buscar que se domine la tecnología para lograr el bienestar del ser humano.

En publicidad y en mercadeo, eso significa hacer gala de la creatividad para llegar a planteamientos de negocio realmente innovadores a partir de los adelantos tecnológicos. Por eso la edición que circulará en Cartagena Inspira tendrá este año un desarrollo
especial acerca del tema.

ADOPCIÓN TOTAL
DE LA TECNOLOGÍA PARA
LOGRAR EL
BIENESTAR DEL
SER HUMANO.

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